Sarumo

De Genubi
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Sarumo
Sarumo.jpg
Perfil del Personaje
Alias
Edad27
GéneroHombre
RazaHumano
ClaseMago
EstadoVivo
Procedencia
Ciudad NatalGenubi
FamiliaSamir (Padre)
Hogar ActualMorrin
Intereses
DivinidadBoccob
Creencias
AfiliaciónPluma de Plata
OcupaciónEspía de Morrin
Profesión
Habilidades
En combate
Afinidad al arteFlauta dulce
CualidadesMagia con cartas
Apuestas
Diplomacia
EspecialidadCartas
Honores
Premios
Datos de Personaje
AlineamientoCaótico Bueno
JugadorLucky

Todos ustedes son unos imbéciles.- Sarumo

Sarumo es un hombre de 27 años de edad, nacido en la ciudad de Morrin. Abandonado por su madre cuando era muy pequeño, ha vivido con su padre Samir toda su adolescencia, quien posee hasta el día de hoy una taberna en la ciudad de Genubi. Sarumo aprovechaba la Taberna para entrenar sus habilidades como apostador, utilizando dados y cartas. Desde muy temprana edad ha tenido gran destreza manipulando objetos con las manos, particularmente las cartas. Combinando esta destreza con el entrenamiento mágico adecuado, Sarumo desarrolló un estilo único con el que puede lanzar poderosos sortilegios imbuídos en cartas.

Sarumo lleva una flauta dulce de madera la cual toca regularmente a lo largo de sus viajes.

Personalidad

Sarumo es un hombre que habla con lo justo y necesario, ya que para él es un fastidio perder el tiempo divagando. No le gusta el conflicto ni las discusiones dentro de un grupo. Siempre intenta resolver las cosas diplomáticamente. A Sarumo le gusta pasar tiempo con Gnomos, ya que los considera muy divertidos y seres de los que se puede aprender mucho, y mira a los Elfos con mucho respeto. No acudirá al combate a no ser que una situación no pueda resolverse por medios formales, pero dado el caso, utilizará todos sus conocimientos para poner fin al asunto de la forma más rápida posible. Se considera un hombre de valores y de palabra.

Descripción Física

Sarumo, a sus 26 años de edad

Delgado y de 1.73m de alto. Suele vestir unas prendas de viaje color negro o azul, con una larga capa. Suele acompañar su vestimenta con un sombrero del mismo color. Posee el pelo rubio y unos brillantes ojos azules acompañados de una fuerte sombra a su alrededor, haciéndolo parecer como si siempre estuviese cansado. No es una persona que se la vea sonreir regularmente. Suele llevar consigo un morral donde guarda sus cosas de viaje, y varias bolsas en el cinturón para guardar objetos varios. Los diversos bolsillos de su vestimenta los utiliza para guardar varias barajas de cartas. Siempre viene bien tenerlas a mano





Prefacio

Samir se sentía orgulloso de poder disfrutar de una acomodada posición económica y una interesante influencia en Morrin. Era del tipo de sujetos que siempre tienen dinero encima y siempre aparecen con raros objetos nuevos, aunque las personas no terminaban de entender muy del todo cómo los conseguía, y obviamente nadie se animaba a preguntar.

Samir era un hombre delgado, de estatura media y buen porte. Nada fuera de lo común para alguien de su clase, si es que no tenemos en cuenta los finos trajes que solía vestir, con elegantes moños y corbatas, y una particular mirada que podía incomodar hasta al más avispado de los negociantes. Samir sabía manipular a las personas, pero no con magia… nada de eso. Samir sabía exactamente cómo atraer a las personas con riquezas y cómo llevarlas hasta el límite de su tentación. Una cualidad importante entre apostadores.

Sí, Samir era un experto con las cartas. Y un experto en el juego. Le resultaba muy fácil hacerse de unas cuantas monedas de oro, y no tenía reparo en presumir su increíble habilidad. Para alguien con estas características no fue tarea difícil encontrar una mujer que lo acompañe en su carrera. Se enamoraron, se casaron, y tuvieron un hijo, llamado Sarumo. La vida de Samir estaba en su mejor momento, gozaba de una privilegiada posición económica, una bella mujer, una gran influencia en el gobierno y una gran habilidad para convencer a las personas. Así como su dinero no paraba de crecer, tampoco lo hizo su ambición.

El 10 de Octubre del 954 fue cuando Samir falló. Un importante encuentro reunía a los hombres más adinerados de las Tierras del Sur. La Nobleza de Molten, Morrin, Albas y Arkham estaba allí presente. Era el momento perfecto para llegar a lo más alto; para dar a conocer su apellido al resto de las tierras.

A medida que avanzaba el juego la meta estaba más cerca. Gemas de incalculable valor, títulos de tierras, títulos de nobleza y grandes bolsas de oro. El pozo era grande y Samir debía estar a la altura de semejante desafío. El hombre lo perdió todo. Perdió su casa, su título y su dinero. Samir dejó a su familia en la calle. No fue un problema para él, al menos en un principio. Si ya había ganado tanto, ¿Por qué no podría hacerlo de nuevo? Comenzó a apostar otra vez, pero ahora con lo que no tenía. Empezaron a aparecer deudas, prestamos, favores y promesas que jamás concluyeron. Había llegado muy lejos.

El 6 de noviembre del mismo año la mujer de Samir recibe una carta informando lo que ocurriría si el hombre no se hacía cargo de sus deudas, que no paraban de aumentar. La mujer harta de la situación y por miedo a tener que enfrentarse a la pobreza inminente, abandona a su familia sin dejar rastro.

A Samir no le quedó más remedio que huir de Morrin, con el cuidado del pequeño Sarumo de tan solo 5 años de edad. Sin embargo, para él no era mucho problema. Si pudo escalar tan alto en Morrín, ¿Por qué no podría hacerlo de nuevo en otra ciudad?

Los juegos de cartas

Samir, padre de Sarumo
– Necesitas un poco más que un leve relato para convencerme – dijo la mujer pacientemente
– No busco convencerla señora, solo quiero que me escuche – le respondí
– El tiempo es nuestro recurso más escaso en estos momentos.
– No me tomará más de 15 minutos…

A partir de aquí, Samir y Sarumo recorrieron varias ciudades del mundo. De Morrin se fueron inmediatamente a Mudor, un pequeño pueblo no muy interesante, a orillas de las Cordilleras Fauces de Dragón. Samir no tenía nada. No tenía para pagar una bolsa de arroz para alimentarse a él y a su hijo, y mucho menos para costear una posada. Estaban en la calle.

Comenzaron a ganar dinero haciendo lo que mejor sabían; apostar. Pero esta vez no con grandes montañas de dinero, ni contra personas vestidas con elegantes atuendos. Samir no tenía más remedio que realizar juegos de engaño y estafa a las personas de la calle, ganar algunas monedas de cobre y así vivir con lo necesario en el día.

Sarumo comenzó a aprender a manipular las cartas. A realizar juegos y engaños, a realizar trucos y trampas. Su habilidad era sorprendente, y rápidamente comenzó a ayudar a su padre a mejorar la situación, aunque sin entenderlo del todo. “¿Por qué tenemos que estar más de 8 horas en la calle engañando a las personas? ¿Cuándo volveremos a casa?”. El pronóstico no era favorable, la comida era valiosa y una cama caliente era algo que pocas veces en su vida Sarumo había disfrutado.

Cuando las personas ya sospechaban demasiado o llamaban mucho la atención de la guardia, es cuando era momento de migrar a otra ciudad. Así pasaron alrededor de 2 años. Pasando por las preciosas Costas de Eurasea, las inminentes fortificaciones de Albas, la humildad de Keth y hasta los misterios de Korun Gar.

Se podría llegar a pensar que la situación no era tan mala, comparada con otros vagabundos, sin embargo tener que dormir a veces en callejones o hasta incluso tener que robar para comer, no creaba un clima agradable.

A todo esto, el chico se volvió muy bueno en su trabajo. Con tan solo 12 años ya sabía predecir con una aceptable exactitud matemática posibles jugadas y manos en una partida de cartas. Sabía entender por la mirada y las expresiones de las personas cuándo podían ganar y cuándo podían perder. Lo heredó de su padre, claramente… esos ojos analizadores, con grandes ojeras, que dan la impresión que siempre te están observando.

La situación mejoró. De tener que robar frutas y verduras pudieron permitirse comprar un plato de sopa todos los días en una taberna, y de tener que dormir muchas veces sobre el suelo pudieron permitirse alquilar algunas residencias un poco precarias, pero por lo menos ofrecían una manta caliente y un almohadón con el cual relajarse.

No era suficiente. A Sarumo le costaba un poco hacer amigo, sus viajes se lo impedían, sin embargo eso no quiere decir que no haya hecho muchos conocidos a lo largo de todas las ciudades, y que hasta el día de hoy muchos recuerden su nombre. Samir se sentía culpable, sin embargo nunca le contó a Sarumo la verdad. Nunca le contó cómo podrían haber vivido otra realidad, y cómo su ambición echó todo a perder.

Todo se mantuvo más o menos igual, hasta que un 9 de febrero, la ciudad de Genubi lo cambió todo.

Una deuda pendiente

Genubi es la ciudad conocida por sus casas de apuestas, sus bellos bares y sus hermosas mujeres. Es un lugar que sabe recibir muy bien a los turistas, y que todas las personas deberían visitar al menos una vez. Si bien no dejaba de ser una ciudad bajo la orden del imperio de Molten como cualquier otra, estos factores la hacían un sitio particularmente distinto a los demás.

La situación política en Genubi en ese momento era complicada, y las casas de apuestas ilegales y el juego negro eran moneda corriente. Cosas de hombres, sabes… Lugares donde trafican personas, donde se comercializan esclavos, y donde se pone en juego la vida de la gente.

Samir, una vez más, cayó ante su ambición. El 9 de febrero del 963 se organizó un importante encuentro en una taberna llamada El Cuervo, la cual ya no existe. Aun recuerdo las oscuras cortinas y la increíble suciedad de ese lugar. Era un ambiente aberrante. Samir seguía sin tener mucho dinero, sin embargo había conseguido lo suficiente como para que lo dejen entrar a un sitio como ese.

– Si tan solo hubiese estado ahí, mi señora… – dije lamentándome
– A veces los humanos realizan actos muy... despreciables cuando están desesperados – dijo ella con la voz cansada
– Más que despreciables. – contesté con tono cortante

En ese sitio fue donde los vi. Parecía un Maestro con su discípulo, iguales en porte, aspecto y mirada. Muy andrajosos y sucios, por cierto. Vi como Samir le dijo a su hijo que vaya a buscar comida para la noche, que él debía encargarse de unos asuntos y entró. Yo lo seguí. Nos sentamos en una gran mesa redonda, con 6 sillas. Cada una con un vaso de alcohol y un cuchillo a su lado. El cuchillo no era precisamente una gentileza del lugar para cortar la comida. La trampa se pagaba con la muerte, y eso todos lo tenían en claro.

Todos llegaron, estaba sentado yo sobre un taburete más alto para estar a la altura de los demás, a mi derecha un hombre obeso, calvo y con un aliento que hasta el día de hoy cada vez que lo recuerdo me da nauseas. A su derecha estaba Samir, seguido por Robson, un hombre con gafas y bufanda, un imbécil importante… y los demás, jugadores sin importancia.

La partida comenzó y todos iniciaron su juego. Nada fuera de lo normal al principio. A Samir se lo veía confiado, el hombre sentía tener la situación bajo control. Robson, el encapuchado, no emitía una sola palabra a no ser que fuese absolutamente necesario. No vaya a ser que por escuchar su voz pudiese darme cuenta de lo que estaba pensando… iluso. El hombre gordo no paraba de tocar su cuchillo intentando intimidar. Todos ganaban, todos perdían, pero de a poco la intensidad del ambiente comenzó a crecer.

En una jugada, el pozo se volvió muy grande. Robson arrojó al pozo 6 titulos de esclavitud. Había que igualar. Otro jugador puso en mesa un título de propiedad de una taberna que estaba en desuso, pero que igualaba en valor a los pobres esclavos. Yo arrojé 4 rubíes, y el gordo ofreció la tenencia de 2 prostitutas. Los demás solo arrojaron oro.

Samir se encontraba mirando la mesa. Quería la propiedad. Con esa casa vieja podría volver a darle a Sarumo un hogar. No sería una pequeña mansión como la que tenía en Morrin, pero era mejor que dormir en sucias residencias.

¿No juegas?, – le dijo el gordo a Samir con una mirada amenazadoraYa voy – contesto Samir secamente

Los minutos pasaron y Samir no ponía nada en la mesa para igualar la apuesta. Tenía las cartas muy cerca de la cara y se lo veía apretando los dientes.

¡Suficiente! – gritó el gordo – o jugás o te vas.Samir contestó – no dispongo aquí del oro, pero puedo conseg…El oro en la mesa, ¡AHORA! – el gordo golpeó la mesa con la mano.

Samir comenzó a ponerse nervioso. Sus ojos lo delataron, el gordo aprovechó. Samir solo tenía una cosa para igualar la apuesta, el riesgo era grande, y la recompensa también. Estaba tan seguro de ganar la mano que ya podía ver como remodelaba la taberna con su hijo. No le interesaban los esclavos, ni le interesaban las prostitutas. Samir quería una casa.

No dijo nada, dio su apuesta en voz alta, y el juego siguió su curso.

¿Me estás diciendo que el hombre apostó la tenencia de su hijo? – Dijo la mujer con voz alarmanteAsí es, mi señora¿El jóven sabe lo que sucedió?No aun. Me reuniré con Samir dentro de 10 días para saldar nuestra deuda. Las cosas deben realizarse en el momento indicado, como usted bien sabe, Magna.

Todos comenzaron a mostrar su juego. Samir veía venir su victoria, su nuevo comienzo. El pobre hombre recordaba cómo vivía cuando estaba en Morrín, lo bien que se encontraba, y lo mucho que disfrutaba de sus logros.

El hombre perdió... por segunda vez. Y esta vez no perdió solamente dinero, perdió algo que no iba a poder recuperar nunca más.

El gordo ganó. Ya podía verse en su rostro la satisfacción por su premio. Comenzó a reir grotescamente sobre la cara de Samir por haberle arrebatado a su hijo de las manos…

Si hubieras visto su cara cuando le arrebaté el premio. Solo bastó un sencillo gesto de mano, sin pronunciar una palabra, para cambiar las cartas de mi mano por las que yo quise del mazo, y tener la mano ganadora.

Agarré todo el pozo para mí, obviamente acompañado de acusaciones de trampa y engaño, me dijeron acomodé las cartas y que iban a asesinarme. El gordo fue el primero en tomar su cuchillo, tirar la silla en la que estaba sentado de una patada y a reclamarme que le devuelva su premio. Era más amenazador su aliento que el cuchillo que tenía en la mano. No toleraba estar un segundo más ahí dentro.

Tomé el premio, lo guarde en mi bolsa, y le advertí al gordo que yo ya había anotado los nombres de todos los participantes de la mesa y que serían acusados con los gobernantes por trata de personas y juego ilícito, luego, de eso con un pequeño pero efectivo chasqueo de dedos desaparecí del lugar.

Esperé un poco hasta que Samir saliera de El Cuervo y fui a buscarlo. Le entregué el título de propiedad de la taberna, y le dije que no me llevaría a su hijo. Por lo menos no ahora. El chico es muy joven y tiene muchas cosas que aprender en la ciudad. Muchas cosas de las que preocuparse ahora y que yo no puedo enseñarle. El chico debe aprender a socializar, a tener amigos y llevarse bien con las personas. Le indiqué a Samir que volvería dentro de 8 años y ese sería el momento.

Obligué a Samir a que me prometiera que protegería a Sarumo ante cualquier amenaza, y que le diría a lo largo de estos 8 años todos los errores que cometió para que su hijo no caiga ante las mismas tentaciones y ambiciones de su padre. Me dio su palabra, y me retiré.

Faltan ya 10 días para que se cumplan estos 8 años, y necesito su aprobación, señoraEl niño que cuentas no muestra nada de especial Thymaer. Necesitamos a los mejores para lo que avecina. Si entiendo bien, todavía no posee las habilidades que necesitamos.El chico es bueno Magna. Tiene potencial y puede ayudarnos. Debemos conseguir todos los aliados que podamos. Los más fuertes y los más inteligentes. Lo he estado observando de cerca. Se unirá a nuestra causa.Me cuesta confiar en alguien tan inexperto, espero que no estés perdiendo el tiempo mientras llevas a cabo una tarea tan difícil como la que te encomendé. No le pido que confíe en él, Magna, pero yo si confío en él, y usted confía en mí. Me haré cargo de élConfiare en ti como siempre, pero si el chico no está a la altura no pierdas el tiempo y busca a los demás, no falta mucho tiempo para que todo comience.

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