Campún

De Genubi
Saltar a: navegación, buscar
Campún
Error al crear miniatura: Falta archivo
Perfil del Personaje
AliasEl rugido del dragón
Edad38
GéneroHombre
RazaHumano
ClaseBardo
EstadoMuerto
Procedencia
Ciudad NatalTilcara
FamiliaUrim (Madre)
Tulim (Padre)
Hogar ActualMolten
Intereses
DivinidadLolth
Creencias
Afiliación
OcupaciónJunglar
Profesión
Habilidades
En combate
Afinidad al arte
Cualidades
Especialidad
Honores
Premios
Datos de Personaje
AlineamientoMaligno neutral
JugadorLeandro

La vida es algo muy... sobrevalorado- Campún, el rugido del dragón

Caliz de luz, fecundo sueño agrario, doncella con alforjas de esmeralda. A tus plantas un río de salitre, otro río de cuarzo a tus espaldas. Y allá a lo lejos, entre vos y el cielo, la hidrográfica senda del Huichaira. Pupila del ocaso interminable, sueño indio, sepulcro de la raza. Desde la noche oscura del Incario hasta el alba naciente del mañana, custodiarán el sol de tus umbrales y los eñestos cardones del Pucara.

Matriz del viento, origen de la sombra, ofertorio otoñal de las calandrias, duerme la siesta del maíz fecundo sobre el tálamo gris de tus pisadas hasta que el hombre de la mano ruda abra en surcos la paz de tus entrañas. Abre tus brazos al rosal latino, no levantes ni cercos ni murallas.

Que tus mollares le den sombra y abrigo al criollo, al meintero y al aimara, y que lleven tu nombre por el mundo, muchacha azul, princesa floreada. Cuando el verano te devuelve el río y tus noches se enciendan de guitarras, un cortejo de brillos escondidos prenderán de tu nombre un pentagrama. Y desde el verde lampazar nocturno, un coro anfibio entonará tu nombre. Tilcara".


¿Quién es?

Nacido en Tilcara, una aldea del noroeste de Karvand, hijo de Urim y Tulim. Su padre era un guerrero de la tribu, un espadachín promedio, sin ninguna peculiaridad, siempre enojado y muchas veces pasaba años fuera de viaje buscando comida. Su madre era la única curandera que tenían, era tan carismática como vulgar lo era su padre, era difícil creer que podían ser pareja. Campún aprendió a usar como cuerno el diente de un dragón, pero como siempre, quiso más. Aprendió otros instrumentos de viento como flautas de distintos tipos, percusiones y algunas cuerdas.

Tiempo después de dejar su aldea por una plaga que no pudieron controlar, Campún llegó a la ciudad de Molten, buscando o... mendigando cobijo y comida dejando encantadas a las personas de allí con su música. Descubrió que para los citadinos él era un muy "hermoso", las mujeres se arrodillaban a sus pies, cosa que claramente no le pasaba en su hogar. Al cabo de un tiempo todo el mundo empezó a idolatrarlo, tocaba para las fiestas del castillo, la corte del rey o incluso para él personalmente. Literalmente se volvió loco de fama con el tiempo.

Personalidad

Campún es una de esas persona que no se conforman con tener un caballo, sino que después obtendrá la carreta y un caballo más como sea. Es preferible siempre tener en cuenta sus palabras, pero no te las tomes demasiado en serio, pues suele engañar mucho a las personas. Sin embargo, la fidelidad que él desee dar a alguien es incuestionable. Campún se ganaba la vida en Molten timando a los pobladores y dándoles entretenimiento de primera calidad. Y aunque su aldea era muy precaria, aprendió a acostumbrarse a los lujos que la ciudad le permitía darse, caballos, sirvientes, admiradores, conexiones con las grandes influencias... Jamás pasaba desapercibido entre las calles, y eso le gustaba cada vez más. Sería raro que descubras en realidad uno de sus engaños, pues él tiene siempre un as bajo la manga. Nadie sabe en realidad qué esta pensando ni por qué actúa de esa forma tan despectiva. Aunque es muy confiado de sus propias habilidades, él siempre esta buscando la manera de tener más y más. Cree que es superior a cualquiera y sabe medir muy bien sus palabras para no hacerlo notar.

Religión

Lolth, la reina araña

Entre las hojas de laurel, marchitas, de la corona vieja, que en lo alto de mi lecho suspendida, un triunfo no alcanzado me recuerda, una araña ha formado su lóbrega vivienda con hilos tembladores más blandos que la seda, donde aguarda a las moscas haciendo centinela, a las moscas incautas que allí prisión encuentran, y que la araña chupa con ansiedad suprema.

He querido matarla: mas... ¡imposible! Al verla con sus patas peludas y su cabeza negra, la compasión invade mi corazón, y aquella criatura vil, entonces como si comprendiera mi pensamiento, avanza sin temor, se me acerca como queriendo darme las gracias, y se aleja después, a su escondite desde el cual me contempla. Bien sabe que la odio por lo horrible y perversa; y que me alegraría si la encontrase muerta; mas ya de mi no huye, ni ante mis ojos tiembla; un leal enemigo quizás me juzga, y piensa al ver que la ventaja es mia, por la fuerza, que no extinguiré nunca su mísera existencia.

En los días amargos en que gimo, y las quejas de mis labios se escapan en forma de blasfemias, alzo los tristes ojos a mi corona vieja, y encuentro allí la araña, la misma araña fea con sus patas peludas y su cabeza negra, como oyendo las frases que en mi boca aletean. en las noches sombrías, cuando todas mis penas como negros vampiros sobre mi lecho vuelan, cuando el insomnio pinta las moradas ojeras y las rojizas manchas en mi faz macilenta, me parece que baja la araña de su celda y camina... y camina... y camina sin tregua por mi semblante mustio hasta que el alba llega.

Símbolo e insignia de los seguidores de Lolth en la superficie
¿Es compasiva? ¿es mala?

¿indiferente? Vela mi sueño, y, cuando escribo, silenciosa me observa. ¿Me compadece acaso? ¿De mi dolor se alegra? ¡Díme quién eres. ¡Monstruo! ¿En tu cuerpo se alberga un espíritu? Díme: ¿Es el alma de aquella mujer que me persigue todavía, aunque muerta? ¿La que mató mi dicha y me inundó en tristezas? Dime: ¿acaso dejaste la vibradora selva, donde enredar solías tus plateadas hebras, en las oscuras ramas de las frondosas ceibas, por venir a mi alcoba, en el misterio envuelta, como una envidia muda, como una viva mueca? Te hablo y tú nada dices; te hablo y no me contestas! ¡Aparta, monstruo, huye otra vez a tu celda!

¡Quizás mañana mismo, cuando en mi lecho muera, cuando la ardiente sangre se cuaje entre mis venas y mis ojos se enturbien, tú, alimaña siniestra, bajaras silenciosa y en mi oscura melena formarás otro asilo, formarás otra tela, solo por perseguirme hasta la misma huesa! Qué importa... ¡nos odiamos, pero escucha: no temas, no temas por tu vida: es tuya toda, entera. Jamás romperé el hilo de tu muda existencia, sigue viviendo, sigue, pero... oculta en tu cueva. ¡No salgas! ¡No me mires! ¡No escuches más mis quejas, ni me muestres tus patas ni tu cabeza negra...! ¡Sigue viviendo, sigue, inmunda compañera, entre las hojas de laurel marchitas de la corona vieja, que en lo alto de mi lecho suspendida, un triunfo no alcanzado me recuerda!

Lore

– Las mejores historias son las de los grandes guerreros, hijos de dioses, sabios reyes, astutos generales y actos heroicos. Estas historias se transmitieron desde siempre de boca en boca y la humanidad recordará a nuestros héroes por siempre. Hoy les voy a contar la historia de Campún, el rugido del dragón.


Cuerno del Zahir

Acá estoy, otra noche más con una multitud esperando a que cuente la historia de hoy, la taberna derrocha alegría, algunos juegan a los dardos, otros gritan groserías a las camareras, tan bellas como siempre, otros simplemente están bebiendo, la ronda de tragos la invito yo esta vez. Pero todos están tan impacientes como siempre, después de todo soy la estrella de la ciudad y las entradas a veces son difíciles de conseguir. Deberían agrandar estas tabernas… Cuando vi la cara de uno de los niños del lugar, con una sonrisa de oreja a oreja, probablemente por ser la primera vez que venía a verme, me decidí por comenzar:


– Erase una vez, en una tierra muy, muy lejana, un pueblo de salvajes guerreros. ¡Hombres que sabían usar arcos, boleadoras, espadas, mazos y todo lo que se les pueda ocurrir! Solían competir para probarse entre sí, o al menos los más débiles lo hacían. A veces se probaban contra animales solo por diversión, desde gallinas hasta temibles búfalos, todos se ponían a prueba según lo capaces que se creían. Las mujeres se dedicaban a las plantas, los animales, la ropa y el calor de todos, si te sentías mal o estabas enfermo, ellas tenían siempre la solución. ¡Por cierto, eran hermosas también! Pero por sobre todos los habitantes de la aldea había uno que sobresalía. Un hombre al que se le hacía fácil tanto el combate como la cocina ¡Era fantástico! A decir verdad no lo sé, pero hay quienes dicen que jamás nadie logró derrotarlo en un combate. Era magnífico en batalla pero también con las chicas, les puedo asegurar que este señor nunca pasaba una noche solo.


A medida que avanzo, las personas empiezan a calmarse y se acercan. Los de los dardos dejaron su juego para prestar atención y las lindas camareras dejaron de sentirse incómodas por los enanos que ahora oyen mi historia. <Otra ronda de vino Hank –le grito a mi amigo que siempre me cede el lugar para transmitir mis historias –>.


Personas de la taberna

Pero díganme, ¿qué es una historia tan fantástica como esta, y les aseguro que es una historia fantástica, sin un villano y un héroe? Por las calles del pueblo corría una profecía, una feroz bestia atacaría a los pueblerinos, saqueando sus riquezas y robando a las mujeres. ¡Ni mil hombres podrían derrotar a la bestia! Sin embargo, habría uno que quizás tenga una oportunidad.

– ¿Es Campún cierto? ¡Él derrotará a la bestia! – Me preguntaba un niño del público – – Bueno jaja, ya lo veremos pequeñín. Realmente lo de la profecía lo inventé unos minutos antes de entrar a la taberna, pero qué más da, todo lo que el público quiere es una buena historia ¿verdad?


Un día por la tarde, las mujeres, que siempre se reunían en la casa de alguna de ellas para compartir datos sobre cómo hacer crecer mejor los higos, o qué darle de comer al cerdo para que sea menos asqueroso, estaban haciendo lo que siempre, y de la nada ¡escucharon un rugido! Salieron de la casa, muy asustadas, gritando y cacareando como gallinas indefensas. Y cuando miraron hacia arriba vieron un enooorme dragón, con sus grandes dientes y sus ojos amarillentos: "Después de las ciudades fortificadas que me rendían homenajes ¿este es mi próximo destino? Está bien, como sea."

El felino se decidió por bajar y ver a los pueblerinos a la cara.

– Yo soy Zhair, y les voy a pedir amablemente que me lleven a la colina de allí todo su oro y comida cada mes –todos lo estaban mirando ahora, los guerreros, los perros, las vacas y los líderes–. Espero que ustedes si sepan entender, no es necesario usar la fuerza ¿o sí?

Canciones

Oda Vientorrojo: El rugir del dragón.

¿Oís? Es el cañón. Mi pecho hirviendo.
El cántico de guerra entonará
y al eco ronco del cañón venciendo,
la lira del poeta sonará.


El pueblo ved que la orgullosa frente
levanta ya del polvo en que yacía.
Arrogante en valor, omnipotente,
terror de la insolente tiranía.


Y retiemblan los muros de la guarida,
el deseo de vencer y de seguir con vida;
brilla en sus rostros el general contento
y dondequiera generoso con su acento.
Se alza de PATRIA y LIBERTAD
rugiendo muy lento... "¡VientoRojo!"


Al grito de la patria
volemos compañeros,
blandamos los aceros
que Karvand nos da.


El dragón frente a los brazos
intrépidos luchemos
y al mundo proclamemos
"Tilcara es libre ya"


Mirad, en sangre, y lágrimas teñidos
reír los forajidos ¡Gozar de su dolor!
Fin tan solo ponga su muerte a la contienda,
y cada golpe encienda aún más nuestro rencor.


Que truene el cañón y el canto de guerra,
los pueblos ya libres con placer alzad:
Mirad! ya desciende a la oprimida tierra,
los hierros a romper... Su libertad.


El martillo lanzó con grata fuerza
el enemigo desiste ¡Vencimos al dragón!
¡Mirad! como asciende su mano abierta
y gritando al viento él proclamo... "Ven a mi Zegatón"


Mi legado: Últimas palabras

Aquí ven la vida después de la muerte,
no sabrán lo que es ni qué se siente.
Si este ha de ser mi destino,
la muerte quizás sea el camino.

Su viaje aquí ha terminado,
pues la vida es algo muy... sobre valorado.
Que la sangre guíe sus armas,
Puesto que hoy cobran con sus almas.