Arimila

De Genubi
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Arimila
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Perfil del Personaje
Alias
Edad35
GéneroMujer
RazaGnomo
ClaseDruida
EstadoVivo
Procedencia
Ciudad Natal
FamiliaPáliro (Padre)
Nairina (Madre)
Corpotoc (Abuelo)
Tonel (Maestro)
Hogar ActualSe siente segura en cualquier bosque
Intereses
DivinidadObad-Hai
Creencias
AfiliaciónOrden de la arboleda verdeante
OcupaciónViajera
Profesión
Habilidades
En combate
Afinidad al arte
Cualidades
Especialidad
Honores
Premios
Datos de Personaje
AlineamientoCaótico / Neutral
JugadorLeandro

¡Eso no es divertido!- Arimila

“Un perro no desea piedras preciosas, casas grandes ni ropa de diseñador, con una vara se sentirá feliz. A un perro no le importa si eres rico o pobre, astuto o torpe, listo o tonto, dale tu corazón y él te dará el suyo.
¿De cuánta gente puedes decir eso? ¿Cuánta gente puede hacerte sentir único, puro y especial? ¿Cuánta gente puede hacerte sentir... extraordinario?“

¿Quién es?

En los alrededores de Krynn hay algunas aldeas de gnomos, Arimila nació en una de ellas. Sus padres son dos magos que conseguían su comida por medio del uso de la magia y la tendencia al delito, robaban a los viajeros que pasaban por las rutas cercanas. Ella aun es pequeña, pero se hizo de muy buenos amigos.
Es perteneciente de la orden de la arboleda verdeante, una organización de druidas y es una defensora implacable de lo que ella llama "derechos animales".
Ahora vaga por el mundo buscando nuevas aventuras y diversiones.

Nombre completo

Arimila es como la nombró su abuelo Corpotoc. Pero por parte del resto de su familia también ha tenido otros nombres. Su madre la llamó Roywyn al nacer y su padre Dúvamil. Desgraciadamente ellos dos nunca dejaron que los 12 tíos de Arimila la conozcan, por lo tanto nunca recibió un nombre de ellos.
Cuando Arimila conoce y llega a querer mucho a alguien, la empieza a llamar "familia" y le pide que le ponga un nombre por el que sólo esa persona la llamaría (y le pide que sea un nombre gracioso de pronunciar).
Las dos personas que fueron su familia al crecer fueron Tonel, que siempre le decía "pequeña", así que ella lo adoptó como un apodo parte de su nombre, y Urim, que por su parte le puso Anastrianna, intentando hacerse la sofisticada hablando en élfico, una noche entre risas en la cena.
Después de mucho tiempo de estar fuera, Arimila volvió a Tilcara y conoció a una gnoma llamada Lali, a quien le pareció muy difícil el nombre de la visitante y se preguntó cuál sería un nombre mas adecuado para alguien así; divagando entre opciones se decidió por "Yoyo", ya que era un nombre corto y gracioso para referirirse a su nueva amiga.
Finalmente el nombre del clan de sus padres, que también heredó, es Daérgel.
Arimila Roywyn Dúvamil Pequeña Anastrianna Yoyo Daérgel

Personalidad

Arimila no tuvo demasiado tiempo para vivir en las tierras de los hombres. Nunca desarrolló un especial contacto con nadie en particular, odia las ataduras a los lugares y a las demás personas, aunque sostiene que no sería nadie sin sus amigos ni Judi, su mejor amiga. Le encanta estar acompañada de cualquier animal, y cuantos más, mejor.

Es una persona muy alegre, infantil y juguetona practicamente todo el tiempo. Pero cuando se enoja, no necesita a sus compañeros para defenderse. A menudo ella les pide que la dejen pelear sola contra ciertas criaturas para probar su poder. Odia que la subestimen por ser pequeña.

¡Nada le molesta más que ver a un animal encerrado o haciendo el trabajo de los hombres! Aunque vive el día a día en busca de nuevas aventuras, juegos y pasatiempos, siempre esta dispuesta a ayudar a cualquier bestia en peligro.

Puede que no sea la persona mas inteligente del mundo, pero siempre estará dispuesta a cumplir con lo que se propone. Le gusta mucho la música y nunca pierde la oportunidad de escuchar una buena pieza, pero se apena de nunca poder hacer sonar bien su flauta.

No querrás hacer enojar a esta niña.

Religión

Arimila no siente afinidad hacia ningún dios. Ella dice que su única divinidad es la naturaleza, quien le brinda todo lo que necesita, desde comida y refugio hasta diversión y amistades.

Si ha de elegir un dios, se inclinaría por el dios de su maestro Tonel, Obad-Hai.

Descripción física

Ropa casual

Tantos años en los bosques hicieron que la piel de Arimila tomase un tono verdoso y su pelo se vuelva totalmente verde, se parece a las hojas de una planta. Sus cualidades físicas son las de cualquier gnoma, delgada, bajita. No es hermosa pero tampoco fea. Casualmente sus ojos también son verdes.

Suele vestir prendas muy simples, con algunas hojas y ramas encima del último lugar donde se haya acostado. No le molestaría tener que usar solo las hojas y las ramas encima si la oportunidad lo requiriese. Suele andar descalza, con las piernas y los brazos descubiertos. Pero siempre lleva unos abrigos de cuero para las partes desabrigadas y unas botas largas por si el terreno lo amerita.

Magia

En combate

Pero cuando pelea, Arimila tiene su propia armadura, hecha con la piel de un pequeño dragón que una vez cazó su manada hace ya mucho tiempo. Suele llevar un sutil escudo de madera muy sencillo, sin inscripciones ni formas locas. ¿Su arma? Ella usa mas bien sus instrumentos. Silbatos, látigos y flautas son sus mejores opciones a la hora de tener que arreglar sus problemas cuando la diplomacia no funcionó. Y claro, en casos extremos, garras, dientes y magia elemental son buena compañía.

Pocos lo saben, pero a Arimila no le gusta tener la piel marcada. Todas las cicatrices de su cuerpo están tatuadas por encima con un claro color verde, dando un toque final de espirales con poca elegancia.


Lore

Infancia en casa

Nace como cualquier otro gnomo y tiene una familia tan normal como cualquier otro de su raza. Páliro, su padre, y Nairina, su madre, eran dos magos que vivían el día a día. Todas las tardes salían de casa hacia las carreteras que conducen a Krynn para intentar embaucar a los viajeros y robarles algo de dinero y si podían, comida. Cuando sus padres se iban por largas horas de la tarde, ella se aburría mucho. Al principio empezó a leer las decenas de libros que había en su casa, pero pasados unos cuantos minutos ya se volvía a aburrir. Intentó con la cocina, preparar nuevas y exquisitas recetas le divertía mucho, pero cada noche la regañaban por gastar comida que no tenían.

Tim, el primer amigo de Arimila

Arimila prácticamente no conocía a otras personas. A veces familiares y amigos de sus padres visitaban su casa, pero eran pocas las oportunidades que tenía de conocer nuevas caras, pues sus papás no la dejaban salir nunca afuera.

Un día empezó a jugar con un conejo que se metió en su madriguera. Pasó toda la tarde con ese animal, incluso lo había nombrado, Tim, aun lo recuerda. Hacía tiempo no la pasaba tan bien. Pero al caer la noche llegaron sus padres y lo mataron para cocinar, lo cual la entristeció mucho e hizo que empezara a odiar un poco a sus padres ¡Habían matado a su único amigo!

Pero con el tiempo más amigos visitaban con más frecuencia su madriguera, y Arimila les daba un poco de comida a escondidas y les decía que se vayan cuando volvían los asesinos de animalitos. Incluso había aprendido a comunicarse con ellos.


Pero, un día Arimila se cansó de todo eso, de vivir escondida, de no poder comer lo que quisiera, de no tener juguetes en la casa, de no poder visitar la ciudad, de todo.

Una tarde como cualquier otra, Páliro y Nairina, salieron a buscar el plato del día, pero no contaban conque al volver su pequeña hijita, a la que con tanto esfuerzo y sudor habían criado y alimentado, se habría escapado.

Ella decidió salir por la puerta de la madriguera y descubrir todo lo que había detrás de los muros de su casa ¡ser todo una aventurera!


Un alma noble

Días pasaron hasta que Arimila logró llegar a Krynn, hambrienta y sin refugio empezó a mendigar algo de comida, algo para beber. Pero la gente no era tan buena como sus padres le contaban. Estaba cansada y sin un lugar para pasar la noche en una ciudad enorme. A la vista se notaba su desnutrición.

Un hombre vestido con un tapado marrón que parecía realmente abrigado, pelo largo y blanco, un bastón y un peculiar pendiente en forma de aro con una esfera verde, se le acercó por fin y le dio una cantimplora llena de agua:

-Pareces cansada -le dijo, extendiendo la mano-. Toma todo lo que quieras, estoy seguro que te hará bien.

La niña agarró el agua y la bebió desesperada, parecía un animal. No dijo una palabra hasta terminar.

-Muchas gracias señor, pensé que iba a morir de sed. De verdad se lo agradezco mucho.

-Si.. -le responde desinteresado- Apuesto a que buscas algo de diversión también ¿cierto?. A unas cuantas calles de aquí un hombre esta haciendo una buena presentación callejera de sus animales haciendo algunos trucos, estoy seguro de que te gustará.

Tonel y Gasha

Sin exigir que le devuelva su cantimplora, el semielfo se marchó y no dijo mas nada. Pero Arimila quedó muy intrigada, si el salvador de su vida le aconsejó ir, seguramente iba a ser algo bueno.

Encontró el espectáculo callejero. Un humano de pelo negro y muchos músculos con una mujer de la misma raza de rasgos muy distintos comparados al resto de las humanas de la ciudad que estaba casi desnuda. Estaban gritando que su función iba a empezar en unos cuantos minutos. Atrás se podía ver diferentes criaturas encarceladas. Serpientes, perros, tigres, entre otros. Cuando el show empezó los animales salían uno a uno a la orden del señor de brazos grandes y hacían cosas muy extrañas, cosas que Arimila jamás había visto en otros animales que ella conocía. Los perros saltaban por todos lados y perseguían huesos, las serpientes eran expuestas a pruebas, tenían que reptar sobre caños que los dueños iban moviendo para que no pueda salir por ningún lado, osos que bailaban. Todas las personas parecían muy entusiasmadas, era un show de primera calidad. Aplausos, gritos y chiflidos. Sin embargo, la niña veía en la cara de cada una de las bestias, que estaban sufriendo, que pedían a gritos ayuda. Veía que era su deber ayudar a estos animales.

El show terminó, la pareja pasó una bolsa esperando que el público ponga algunas monedas en ella y después todos se dispersaron. A sus casas, a las tiendas, a la plaza. El fortachón y la mujer sensual fueron a un bar que estaba cruzando la calle y se sentaron junto a la ventana. Arimila, sin embargo, se quedó en el mismo lugar, quieta, asombrada, entristecida, enojada y sobre todo decidida a liberarlos. Se dio cuenta de que el hombre dejó las llaves en un tronco cerca de las jaulas. Las agarró y empezó a liberar a los animales. Eran 7 jaulas y cada una abrió. De la taberna salieron las dos figuras corriendo hacia la niña, que solo pensaba en huir, correr hacia donde sea. Pero los hombres fueron mas rápidos y la alcanzaron.

El señor la levantó hasta su cara y le cortó la mejilla con un cuchillo. Lento, como disfrutando de su dolor. Si alguien lo viera desde fuera... Uno de los liberados, el oso, al ver en peligro a su rescatista, corrió y embistió tan fuerte a ese maldito que el hombre voló 10 metros hacia atrás y la mujer corrió asustada. El animal miró a Arimila y ella entendió a la perfección que el animal quería que se subiese, así que lo hizo. Los dos salieron de la ciudad hacia el bosque. Caminaron juntos por algunos kilómetros, hasta que en un momento dado volvió a aparece el mismo hombre que le había dado agua en Krynn.

- Sabía que lo harías pequeña ¿Cuál es tu nombre?
- Me llamo Arimila. ¿Sabía que haría qué?
- Llegar hasta aquí -el semielfo la miró como si fuera obvia la respuesta-. Ella es Gasha, y es mi compañera de aventuras.
- ¿Como te llamas tu?
- Tonel -responde, haciendo una expresión elegante con las manos-. Ven, hay un lugar que debes conocer Arimila, estoy seguro que te gustará.


Por el amor de la naturaleza

"Se les consideraba los ladrillos de construcción del Universo"

En ese entonces la niña tenía pelo castaño claro y lacio, y su piel era muy pálida. Aunque ella no conocía a muchos otros gnomos de su edad, sus padres le decían que su cuerpo era demasiado precioso para que el mundo lo vea y por eso no podía salir de la casa. Los ojos eran azules como el cielo, claros pero puros y todos los tatuajes de su cuerpo aun no existían. Pero aun así Tonel veía potencial en la pequeña.
Arimila ganó muy rápido confianza en el semielfo, lo seguía a donde sea ciegamente, no tenía a nadie más en el mundo y no sabía tampoco cómo cuidarse. Y él descubrió que su seguidora sabía usar bastante bien la magia para su edad, así que decidió enseñarle unos cuantos trucos. En el camino le enseñó algunas cosas muy básicas para que se pueda cuidar sola si algo llegara a pasar, cosas como buscar o crear agua, encender y alimentar un fuego, saber ubicarse para poder tener un destino, curar sus heridas, etc. Todo tenía una manera mágica y otra normal de hacerse.
Los años pasaban. Una mañana muy particular Tonel se levantó de buen humor:
- Niña, creo que ya estás lista
- ¿Lista para qué?
- Para aprender el maravilloso arte del... ¡Druidismo!
- ¿Druigrismo?
- ¡Pues claro! Hoy es el día
- Pero... ¿y qué es el druigrismo? -Arimila miraba desconcertada-
- ¿Que qué es el druidismo? Creí que eras mas lista Arimila. El druidismo lo es todo, son los poderes que Obad-Hai nos dio. Es el poder para controlar a nuestra merced los elementos -levanta el dedo y señala al suelo, que empieza a temblar tumbando a la niña-.
- ¡¡Woow!! ¿Cómo hiciste eso?
- ¿No es obvio? es el poder de el gran druida que tienes ante tus ojos. Observa:

Los 4 elementos

Tonel comenzó a tirar poderes para todos lados, enormes llamas y fríos congelantes, terremotos, pequeños elementales surgían del aire y la tierra. Muchos animales se le acercaron y hacían lo que él indicaba. Arimila quedó muy pero muy emocionada y sorprendida ante las maravillas que le estaba mostrando su maestro.
-Pero todavía no entiendo, ¿Qué es todo esto de los "elementos"?
- Verás Arimila, en tiempos antiguos se tomó considerable nota para la comprensión de los elementos, puesto que se les consideraba los ladrillos de construcción del Universo, y muchos creyeron que ellos eran parte también de su estructura básica propia. Los Sabios de esos tiempos los vieron como un reflejo del universo -Arimila lo miraba boquiabierta, muy desconcertada-.
- Entonces... ¿Lo que decís es que sos un sabio del pasado y por eso podes controlar los elementos?
- ¿Me estas diciendo viejo? -levanta la ceja, arrogante- Déjame terminar por favor. Los sabios estudiaron las estrellas y la naturaleza, y utilizaron la información que reunieron como un método para comprender a su Creador y sí mismos. Todos nosotros ahora vivimos entre naturaleza, aún quienes viven en pueblos y ciudades, y a la mayoría de nosotros nos tranquiliza caminar por el campo o a lo largo de la playa.
- Si, si, bla, bla. ¿Cuándo empezamos a aprender?
- La paciencia es una virtud pequeña insolente. ¡Escúchame! Pocos de nosotros se toman el tiempo para verdaderamente estudiarlos, pero si nos interesamos en seguir estas creencias antiguas, hallaríamos que la misma naturaleza contiene la clave de mucho conocimiento interno sobre nuestro propio ser, y la parte que desempeñamos en el gran Plan Cósmico. Cada día nos calentamos con Fuego.
- ¡Nos bañamos con Agua! -Interrumpe Arimila entusiasmada-
- Exacto, veo que lo cazaste. Sentimos el Viento en nuestros cabellos.
- ¡Y caminamos sobre la Tierra!
- Muchos se pasmarían al darse cuenta que esos mismos elementos se pueden interpretar como funcionando dentro de nosotros -Tonel la mira, orgulloso de su aprendiz-. Estamos hechos por las mismas leyes, y estos elementos no sólo se sienten alrededor de nosotros, sino que muy ciertamente se pueden expresar a sí mismos en muchas formas dentro de nuestra naturaleza. Cada uno de estos elementos tiene un significado dentro nuestro y cada uno debe descubrir qué significan dentro de sí.
Tonel hace una larga pausa, y cuando ve que Arimila cambia su cara de desconcierto a una pensativa le dice:
- Ahora te toca a ti.
- ja ja, qué gracioso... ¡Enséñame, puedo aprender! -La cara de Tonel dibujó una sonrisa.
- Estoy seguro que te gustará


"Dientes muy afilados que mostraba con ferocidad a menudo"

Un amigo para toda la vida

Los años pasaron. Maestro y aprendiz comenzaron a viajar por el mundo, conociendo las maravillas de la naturaleza e intentando dominarlas. Montañas, glaciares, llanuras, bosques islas, etc. Arimila empezó a tomar gusto por los nuevos desafíos que iban encontrando y su personalidad druídica brotaba. A donde fuera encontraba amigos nuevos, podía contar siempre con el apoyo de los animales y las plantas de donde fuera, había aprendido varios usos de la magia provenientes de la naturaleza en cada lugar que visitaban. Incluso había conocido, a sus 18 años de edad, a su fiel compañero, Buck.

Buck era un perro muy amistoso y muy fuerte también, se conocieron en una pradera donde los perros salvajes eran los dominantes, las aves solo carroñaban lo que ellos querían dejarle y los pocos lagartos vivían de los huevos de las aves, una pradera donde el verde mas fuerte se extiende hasta el horizonte y el agua es tan deliciosa que te dan ganas de quedarte a vivir sólo para no abandonarla. Y en estas bastas tierras dominaba Buck, allí había nacido y vivido los cuatro años de su vida. Es verdad que había otros perros, no podía ser de otra manera en un lugar tan grande, pero en realidad no importaban. Ellos iban y venían, se instalaban en sus refugios, cazaban algo para comer cada tanto o simplemente pasaban inadvertidos en algún agujero oscuro bajo tierra o un árbol. Pero Buck, en cambio, no era un perro tranquilo ni de los que necesitan una cucha, todo el territorio era suyo. Él podía zambullirse en las mejores aguas o reclamar las sombras mas grandes para él. Además ayudaba mucho a los otros de su especie y recibía a los nuevos para que formen parte de la gran manada. A la vez, siempre caminaba con arrogancia frente a los miembros mas viejos y los mas fuertes de la manada, el puesto era suyo y de nadie más, él era el rey de todo lo que reptara, se arrastrara o volara en su pradera. Buck Era un perro tirando a lobo, blanco como la nieve y bastante grande, unos 70kg, pelaje bastante largo y dientes muy afilados que mostraba con ferocidad a menudo. Había un poco de ego en él, como también un tanto de egoísmo, como suele sucederle a los privilegiados cuando se aíslan demasiado del mundo. La caza y la vida en la pradera le impedían engordar y endurecían sus músculos, además su amor por el agua y los baños fríos lo mantenían saludable y limpio.

Los tres viajeros llegaron un día a la pradera de Buck, y cuando él y Arimila se vieron hubo una conexión casi mágica entre ellos, el perro le saltó en la cara con un lengüetazo y desde entonces fueron inseparables. Buck dejó sus tierras para acompañar a Arimila en sus aventuras para toda la vida.



La dominante bestia primitiva

Una noche muy particular, Tonel y Gasha se fueron del campamento, sin decirle nada a Arimila. "Volveré pequeña, estoy seguro que podrás con esto sola", fue el último susurro del maestro antes de irse. Cualquiera esperaría un gran enojo, pero ella era muy sabia para su edad y entendió que seguramente era parte de su entrenamiento como druida.
Con el tiempo, la pequeña fue aprendiendo nuevos trucos y pudo valerse de si misma. Su cuerpo también se fortalecía: aunque sus músculos y su tamaño no se veían afectados por fuera, se hicieron fuertes como el roble y se hizo insensible a los dolores comunes. Todo su interior físico y mental crecía, era más resistente a las enfermedades y ya no se dejaba engañar tan fácilmente por cualquier desconocido. Podía comer lo que fuera, sin importar lo detestable o indigesta que fuera, su estómago extraía cada partícula de nutrientes y su sangre lo llevaba hasta los confines de su cuerpo para construir duros y resistentes tejidos. La vista y el olfato se le agudizaron profundamente, y mientras que el oído desarrolló tal aptitud que, aun cuando dormía, oía hasta el sonido mas débil y sabía si anunciaba tranquilidad o peligro. El rasgo mas particular era la capacidad de oler el viento y predecir el clima que haría el día siguiente.

Y no solo aprendió por experiencias, sino que también por instintos muertos hace mucho tiempo. Las generaciones de gnomos finos y civilizados que había en ella se desvanecieron. En forma oscura, entendió cómo actúan los animales. No fue gran tarea para ella aprender a pelear hiriendo y cortando con dentelladas de lobo o alcanzar a sus presas con la velocidad y las garras de un leopardo. De esta manera habían peleado sus olvidados ancestros. Ellos apuraron en ella la vieja forma de vida, y los viejos trucos que habían sido grabados en la herencia de su raza eran sus propios trucos.

Así entonces, como señal de que los seres no son sino títeres de la vida, el antiguo canto surgió en ella, y se transformó en el suyo propio una vez más.


La ley del garrote y el colmillo

- Ahí está jefe, es el que buscamos.
- ¿Estás segura Mica?
- Segura capitán, coincide totalmente con los pergaminos.
- Espero que no te estés equivocando como la última vez...
- Se lo aseguro señor, esta vez es el indicado. Esta junto a la niña, lo único que debemos hacer es asaltarlos esta noche cuando duerman, una bolsa y unas cuerdas serán suficientes para retener a la pequeña.
- Dejemos a la niña, no es parte de ningún trato. Solo quiero al perro -el hombre se acaricia su larga y blanca barba y luego de un rato continúa-. Está bien, hazlo esta noche, pero lo quiero sano, sin un rasguño.
Esa noche la fogata del pequeño campamento parecía no apagarse nunca. El grupo de comerciantes esperó varias horas, pero seguía encendida y decidieron actuar de igual manera. Emboscaron a los dos viajeros, con una bolsa en la cabeza de la niña y una trampa hecha con sogas para el perro. Después de varios golpes en el estómago ella cayó desmayada. No fue muy difícil llevar al perro después de ahorcarlo con la soga.

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La soledad

Cuando volvió en sí, lo primero que percibió fue un gran ardor en su lengua y que estaba atado por una cuerda del cuello. Estaba viajando en algún tipo de compartimiento, quizás en una carreta. Abrió los ojos y en ellos apareció en seguida el incontrolable enojo de un rey raptado a traición, y en frente tenía a un hombre que en su vida nunca había visto. El hombre saltó sobre su garganta, pero el perro fue demasiado rápido para él. Las mandíbulas se cerraron sobre la mano y no la soltaron hasta que sus sentidos se fueron desvaneciendo y cayó nuevamente inconsciente.

- Es que tiene convulsiones -dijo el hombre, escondiendo su mano desgarrada del encargado del equipaje-. Se lo llevo a mi jefe, que está en Larunor. Un doctor de perros locos cree que puede curarlo.
A pesar de la terrible noche que había pasado en la carreta, el hombre mantuvo la tranquilidad para hablar claro y negociar hábilmente cuando llegó a la pequeña habitación trasera de una taberna, frente a los muelles de Larunor.
- Todo lo que quiero es ganar 50 por él -gruñó en voz baja-. Y no lo volvería a hacer ni por mil en efectivo.
Su mano estaba envuelta en un pañuelo y la pierna derecha de su pantalón estaba ensangrentada de la rodilla hasta el tobillo.
- ¿Cuanto diste al otro secuestrador? -preguntó el tabernero.
- Cien. No hubiera aceptado ni una pieza menos.
-En total son ciento cincuenta -calculó el cuidador-. Los vale o yo soy estúpido.
El secuestrador quitó el pañuelo de la herida y miró su mano lacerada.
-Si no me agarró rabia...
-Será porque naciste para que te colgaran -se rió todo el salón-. Toma, dame una mano antes de que le quites el collar -agregó.
Aturdido, sufriendo un dolor insoportable en la garganta y la lengua, casi medio muerto por la estrangulación, el perro insistía en enfrentar a sus verdugos. Pero lo arrojaron al piso y lo ahorcaron con la cuerda varias veces, hasta que lograron quitarle el collar. Luego le sacaron la cuerda y lo encerraron en una caja que parecía una jaula.
Allí se quedó el resto de la cansadora noche, solo con su ira y su orgullo herido. No podía entender qué significaba todo eso. ¿Qué querían de él esos extraños? ¿Por qué lo mantenían encerrado en una estrecha caja? No sabía por qué, pero se sentía oprimido por la vaga sensación de una cercana calamidad. Encerrado en una habitación toda la noche, se ponía de pie en su caja cada vez que un ruido llegaba a la puerta, esperando ver a Arimila que venía a rescatarlo. Pero lo que aparecía cada vez era la hinchada cara del tabernero, que lo espiaba debajo de la débil luz de una vela de glicerina. Y cada vez, el alegre ladrido que vibraba en la garganta del perro se transformaba en un gruñido salvaje.

La sangre manaba por su nariz, boca y oídos, y su hermoso pelaje estaba cubierto por saliva sanguinolenta.

Pero el tabernero no lo molestó, y en la mañana siguiente cuatro hombres llegaron y se llevaron la caja. "Más torturadores" pensó, al ver su peligroso aspecto y sus ropas rotas y descuidadas, y ladró furioso, saltando e intentando alcanzarlos a través de los barrotes. Ellos rieron mientras lo golpeaban con palos que el perro intentaba agarrar con mordiscos cada vez que pasaban cerca. Hasta que se dio cuenta que era justo lo que ellos querían. Después se acostó agotado y se resignó a que levantaran la caja y lo transportaran hasta un vagón. De ahí en más la caja y él fueron pasando de mano en mano. Lo llevaron en otra carreta hasta el muelle, donde lo embarcaron en un pequeño barco y finalmente lo metieron en otro vagón de un carro.
Durante dos días y dos noches viajó en su vagón, arrastrado por las ruidosas patas de los caballos, y durante esos dos días no había comido ni bebido nada. Los hombres entraban y él les ladraba furioso, pero ellos solo se burlaban y se reían en su cara. No extrañaba tanto la comida, pero la falta de agua lo llevaba casi hasta el delirio.
Solo una cosa lo alegraba, la cuerda ya no estaba alrededor de su cuello. Eso le daba una gran ventaja: ahora que no la tenía podría demostrar a todos quién era él. Nunca podrían ponerle otra cuerda en el cuello, eso lo tenía claro. Sus ojos estaban inyectados en sangre, y todo su cuerpo se había metamorfoseado en el de un demonio furibundo. Estaba tan cambiado que ni Arimila podría haberlo reconocido, y hasta los comerciantes del vagón respiraron aliviados cuando lo bajaron en Asharum.
Cuatro hombres llevaron cuidadosamente la caja, desde el vagón hasta la entrada de un patio de paredes altas. Un hombre fornido de pulóver rojo salió de allí y firmó un libro que le acercó uno de los hombres que había llevado al perro. Ese era el hombre, adivinó, el próximo torturador, y se lanzó salvajemente contra uno de los lados de la caja. El hombre sonrió, inconmovible, y trajo una pequeña hacha y un garrote.
- ¿No pensaras soltarlo ahora? -Preguntó uno de los hombres del vagón.
- ¿Por qué no?
El hombre comenzó a abrir la caja con el hacha. Inmediatamente, los cuatro hombres que habían llevado la jaula se treparon a la pared y se prepararon para presenciar la escena.
El perro se lanzó contra los astillados paneles de la caja, hincando en ellos con dientes y zarandeándolos con violencia. Dondequiera que el hachita golpeaba por fuera la caja donde estaba el perro, éste por dentro, gruñendo y rugiendo, intentaba salir con tanta furia como calma tenía el hombre de pulóver rojo para permitírselo.

Realmente se había convertido en un demonio de ojos rojos

-¡Vamos demonio de ojos rojos! -El cuerpo del animal pudo salir de la caja y el hombre cambio el hacha por su garrote.
Realmente se había convertido en un demonio de ojos rojos. Lanzó sus setenta kilos de furia hacia el hombre, aumentados por el odio de dos días y dos noches. Ya en el aire, cuando sus mandíbulas estaban por cerrarse sobre su enemigo, recibió un golpe que le cerró la boca con fuerza en una dentellada dolorosa y lo tendió con el lomo sobre el piso. Nunca había sido golpeado con un garrote en toda su vida, y en ese momento no entendió lo que había sucedido. Con un gruñido que tenía algo de ladrido pero más de chillido, se incorporó, saltando nuevamente. El golpe llegó una vez más y lo aplastó contra el suelo. Esta vez sí comprendió lo que significaba el garrote, pero su propia locura no le permitió tomar ninguna precaución. Una docena de veces atacó y cada vez el garrote volvió a descargarse sobre él, haciéndolo caer.
Después de un golpe particularmente fuerte, se arrastró hasta los pies del hombre, demasiado aturdido para atacar. Se tambaleó sin fuerzas. La sangre manaba por su nariz, boca y oídos, y su hermoso pelaje estaba cubierto por saliva sanguinolenta. El hombre se acercó a él y lo golpeó, intencionalmente, con mucha fuerza en el hocico. Todo el dolor que había sufrido hasta el momento no era nada, comparado con la increíble intensidad que sintió en el último golpe. Con un rugido digno de un león más que de un perro se lanzó nuevamente sobre el hombre. Pero este, cambiando de mano su garrote de izquierda a derecha, lo agarró por la mandíbula tirándolo a la vez hacia atrás y hacia abajo. El perro dio una vuelta completa en el aire y media mas antes de que su cabeza diera contra el piso.
El demonio de ojos rojos atacó una última vez, pero encontró otro golpe que lo estaba esperando desde hacía tiempo y que lo hizo desplomarse definitivamente, ya sin sentido.
- Yo diría que no es precisamente un flojo cuando se trata de domesticar a un perro -comentó uno de los que estaba en la pared.
- Preferiría tener que domesticar un león todos los días y dos los domingos -le respondió el conductor de la carreta mientras subían los cuatro hombres para volver.
El perro recuperó el sentido pero no la fuerza. Se quedó tendido donde había caído, mirando al hombre de pulóver rojo desde allí.

Una vez a salvo, Arimila tatuó con rojo en todas las cicatrices de Buck.

-Responde al nombre de Buck -dijo para si, leyendo la carta del tabernero-. Bueno mi querido Buck -continuó cordial-, hemos tenido un pequeño encontronazo, pero lo mejor que podemos hacer ahora es dejarlo atrás. Aprendiste cuál es tu lugar y yo conozco el mio. Sé un buen perro y todo estará bien. Si decides seguir portándote mal, voy a tener que sacarte el enojo a garrotazos. ¿Entendido?
Mientras hablaban, acariciaba tranquilamente la cabeza que antes había golpeado sin piedad. A pesar de que su pelo se volvió a erizar, Buck soportó las caricias sin dar señales de protesta. Cuando el hombre le trajo agua la bebió con ansiedad, y luego, comió bocado a bocado una comida generosa de carne cruda, directamente de la mano del hombre. Por fin pudo descansar unas horas medio en paz después de esto.
Había sido derrotado, lo sabía perfectamente, pero no lo habían quebrado. Había comprendido de una vez y para siempre que no tenía oportunidad contra un hombre con un garrote. Había aprendido la lección y nunca más la olvidaría., por el resto de su vida, era como una revelación.
Se despertó cuando escuchó unos ruidos raros fuera del patio y una voz familiar. Cuando abrió los ojos para ver al hombre del pulóver rojo, las raíces de las plantas cercanas estaban ahora atando al hombre al piso, y se metían por su nariz y su boca, hasta que cayó al suelo y las plantas volvieron a su normalidad. Arimila había llegado por fin en su ayuda, y los dos compañeros escaparon de allí en ese momento.


Regalo

Los siguientes seis años Arimila y Buck vivieron en Tilcara, una aldea muy bonita, alejados de secuestradores, de hombres con pulóveres rojos y de garrotes.
Claro que conseguían su propia comida y se cuidaban a si mismos, pero Buck ya no era el mismo. El feroz perro que le mostraba los colmillos a todos los que osaban mirarlo, que no necesitaba a nadie para presar o para demostrar quién mandaba en cualquier lado, había quedado en el pasado, lo habían vendido. Sin embargo, Arimila no lo dejaría, prometieron estar juntos para toda la vida y así sería.

Tilcara era muy diferente a las grandes ciudades, su gente estaba en mas en contacto con la tierra. Pocos sabían bien usar la magia. Los hombres salían a cazar y las mujeres cultivaban y cosechaban la comida para todos en su propia tierra, en la plaza o entre sus casas. Allí creían que los animales son amigos y no esclavos. Estaban muy conectados con la naturaleza, y eso a Arimila le gustaba mucho.
Todos en el pueblo eran muy amables, especialmente con los extranjeros. Precios rebajados, comida regalada y hasta los invitaban a sus casas para pasar las noches. Arimila y Buck se hicieron muy amigos de una mujer que, cuando llegaron al pueblo, insistió en que se queden con ella porque los vio durmiendo en la plaza central bajo una roca, en un hueco natural del piso. Su nombre era Urim y le encantaban las flores. Claro que estos forasteros no la necesitaban, pero había un no se qué en la mujer que les agradó y los llevó a aceptar la invitación.
Con el pasar de los años Buck fue perdiendo sus capacidades: su vista era muy limitada, apenas se daba cuenta cuando Urim y Arimila le traían la comida, su olfato también se había empobrecido. Ya solo respondía a la flauta de Urim cuando lo llamaba, pues siempre le encantó. Y por más que su ama se acercase mucho no la lograba escuchar.
Arimila, por su parte, conocía a muchas personas del pueblo, que no tenía mas de 700 habitantes. Sin embargo solo había encontrado una amiga entre todos, Urim fue la segunda amiga no animal en su vida.
Durante los seis años que vivieron en Tilcara el esposo de Urim, Tulim, sólo apareció tres veces y apenas habló con Arimila. Él salía en largos viajes de cacería con los otros hombres de la aldea, y podían dudar meses o incluso años. Hombre serio. Y su hijo, Campún, de tan sólo 13 años, solía estar fuera de casa persiguiendo chicas casi todo el tiempo, pisaba la casa dos o tres veces por semana para dormir, comer y volver a irse.
Buck era el mejor amigo de Arimila, sus recuerdos juntos jamás los olvidará. Era el compañero de las cosas mas bellas, y se fue con ellas cuando se marchó. Se bebió de golpe todas las estrellas. Una noche como cualquier otra, se quedó dormido y ya no despertó.
La niña sufrió, lloró el cuerpo por diez horas antes de decidir enterrarlo, pero entendía que así las cosas debían ser. Sin protestar cavó con sus propias manos un agujero para Buck mientras Urim la miraba de atrás.
Cavó por cuatro horas entre llantos, pero con decisión y sin mirar atrás. Tuvo un entierro digno. Urim le dejó una flor y una canción de su tierra natal para despedir a los que parten. Buck había partido en paz.
Cuando las dos se dan vuelta para volver a la casa, había una persona más, el viejo maestro las esperaba:

- Tanto tiempo pequeña. Veo que creciste bastante.
- ¿¡Tonel!? -Respondió, muy sorprendida.
- ¿Conoces a este hombre Arimila?
- Si, si -Responde, todavía perpleja-... Fue mi maestro por mucho tiempo, también fue un buen amigo hace mucho. ¿Recuerdas los poderes de druida de los que te hablé?
- Basta de presentaciones pequeña, los ancianos de la orden por fin han aprobado mi solicitud, tenemos que irnos.
- ¿A dónde? Me abandonaste hace muchísimo tiempo Tonel, ¿Por qué iría con vos otra vez?
- Sé que sabes cuidarte sola, que tu conexión con la tierra se ha fortalecido y que crees que eres muy poderosa, pero aun no eres una druida completa pequeña.
- Claro que soy muy fuerte, y ya no tienes derecho a mandarme.
El druida hace una larga pausa, siempre se rasca la barba al pensar.
- ¿Eso crees eh? ¿Qué tal un duelo entre druidas Arimila? Si yo gano vienes conmigo, pero si tú ganas, no te molestaré ya nunca más -El hombre conocía bien a su estudiante, y sabía que amaba este tipo de ideas-.
- Puedo contigo viejito. Mañana aquí a esta hora.
Sin decir más y con una sontisa confiada, Tonel desapareció entre la maleza.
Arimila dejó un generoso mechón de pelo en la tumba de su amigo y se fue con Urim a la casa.

La flauta de Urim

La señora cocinaba todos los días exquisitas comidas, la mayoría de las veces Arimila le traía cosas que cazaba para compensar que la deje quedarse. Esa noche comieron carne de alce, la comida preferida de Buck. Después de la cena Urim se levantó y tomó del mueble de la entrada su flauta en manos:
- Arimila, pase lo que pase mañana, ambas sabemos que partirás. Quiero que lleves esto siempre contigo.
Llorando, la niña corró hacia ella y la abrazó por la cintura.
- Tranquila Arimila, ya no la necesito, y Campún se la pasa todos los días fuera de casa, no le hace caso a cosas como esta -pero la chica no dejaba de agradecer y llorar-. Ya Arimila -le dice cantando-, hay que prepararse para mañana.



Un perro ha muerto

Mi perro ha muerto
Lo enterré en el jardín junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo, ni más arriba, se juntará conmigo alguna vez. Ahora él ya se fue con su pelaje, su mala educación, su nariz iría. Y yo, materialista que no cree en el celeste cielo prometido para ningún humano, para este perro o para todo perro creo en el cielo, sí, creo en un cielo donde yo no entraré, pero él me espera ondulando su cola de abanico para que yo al llegar tenga amistades.
Ay no diré la tristeza en la tierra de no tenerlo más por compañero, que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo que conservaba su soberanía, la amistad de una estrella independiente sin más intimidad que la precisa, sin exageraciones: no se trepaba sobre mi vestuario llenándome de pelos o de sarna, no se frotaba contra mi rodilla como otros perros obsesos sexuales. No, mi perro me miraba dándome la atención que necesito, la atención necesaria para hacer comprender a un vanidoso que siendo perro él, con esos ojos, más puros que los míos, perdía el tiempo, pero me miraba con la mirada que me reservó toda su dulce, su peluda vida, su silenciosa vida, cerca de mí, sin molestarme nunca, y sin pedirme nada.
Ay cuántas veces quise tener cola andando junto a él por las orillas del mar, en el invierno de Isla Negra, en la gran soledad: arriba el aire traspasado de pájaros glaciales, y mi perro brincando, hirsuto, lleno de voltaje marino en movimiento: mi perro vagabundo y olfatorio enarbolando su cola dorada frente a frente al Océano y su espuma.
Alegre, alegre, alegre como los perros saben ser felices, sin nada más, con el absolutismo de la naturaleza descarada.
No hay adiós a mi perro que se ha muerto. Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.



Enterrada en vida

Recién me despierto, Urim hizo mi desayuno favorito porque se supone que debo estar en mi mejor estado para hoy a la tarde y, como todas las mañanas, le agradecí con uno de esos abrazos con beso que tanto le gustan. Salgo a la puerta para llevarle un poco de la comida a Buck, pero me acuerdo de que ya no está y vuelvo a la cama e intento tocar un poco la flauta que me regalaron anoche, y como no entiendo nada le pedí un poco de ayuda a Urim para que me enseñe.
El resto de la mañana nos la pasamos riendo durante la clase de flauta. Se hizo la hora y decido salir para la plaza. El lugar se va llenando, el rumor de la pelea corrió muy rápido. ¡Le demostraré a ese viejito que ya no lo necesito! Por otro lado hace mucho que no pruebo mi fuerza, desde que Buck no quiso salir más allá de los bosques estamos en el pueblo, comiendo mucha carne de alce. Me gusta la carne de alce, quisiera tener un poco antes de hacer esto.
¡Basta de pensar en carne!
El viento empieza a correr muy fuerte, como nunca en Tilcara. Debe de acercarse una gran tormenta ¡Qué nervios!
¡Hoy es el gran día! ¡Le voy a demostrar al mundo de lo que soy capaz! La plaza se llena y todos me conocen, él es solo un extraño, me apoyarán de seguro, tengo a todos de mi lado. Bien, ahí está él.

- ¡Hola! Es un día estupendo ¿no lo crees? El sol brilla, los pájaros cantan, las flores resplandecen, las...
- ¡No vinimos para hablar viejo! ¿Dónde está Gasha?
- Tranquila chica, sigo siendo yo. Creí que no sería necesario, después de todo tu amigo tampoco está contigo.
- Insisto, no vinimos a hablar, terminemos ya con esto.
- Pequeña ansiosa, veamos de qué estas hecha. Como es debido, el primero movimiento es tuyo.
La tierra se levantaba espolvoreada y los dos oponentes no dejaban de mirarse fijamente a los ojos, desafiantes. Agua tranquila del lago y la ira de un feroz terremoto, frente a frente.
Arimila cerró los ojos. Al abrirlos, su cara estaba conformada de odio puro, los ojos rojos de Buck se reflejaban en ella. Mientras muestra los dientes y gruñe, sus brazos se convierten en los de un oso pardo y empieza a correr hacia Tonel con un furioso grito de ataque. Una fiera había dentro suyo y estaba dispuesta a acabar este encuentro rápido. Cuando llega al semielfo con las garras en alto, él la esquiva con la gracia de un felino. La velocidad con la que corrió la hizo avanzar unos metros más.
- Tan impulsiva y predecible como siempre pequeña -ella frena y cuando vuelve la mirada sus colmillos eran mucho más largos, y sus músculos se habían agrandado. Esta vez arremete con mucha más velocidad, dejando salir un rugido digno del león más grande. Pero de nuevo el hombre la deja pasar con facilidad-. Debes pelear con sabiduría, todavía te queda mucho por aprender.
Cuando Arimila quiere frenar para volver a la carga, se da cuenta de que algo le agarra el pie, y cae de cara al piso. Un pedazo que se salió de la tierra se lo había atrapado, y cuando mira a su maestro él estaba moviendo las manos y hablando palabras que ella no entendía.
Intentó librarse de la tierra seca, y una vez que la rompió, intentó el mismo truco. Levantó mágicamente varios pedazos de tierra a su lado y se los tiró a los pies del semielfo, pero a mitad de camino éstos se convirtieron en barro y cayeron al suelo inofensivos.

- ¿Te rindes pequeña?
- ¡Jamás!
- No puedes vencerme con las cosas que yo te he enseñado. Muéstrame qué te han enseñado los años y tus viajes.
- ¡Cállate! -no dejaba de hablar a los gritos-. No soy tan débil como crees.
- No creo que seas débil. Después de todo, yo te enseñé.

Otro rugido estalló desde dentro de la niña, uno se preguntaría cómo de algo tan pequeño pueden surgir tales sonidos. Esta vez, dos cuernos nacieron en su cabeza, enormes, y comenzó a correr una vez más. Pero a la vez, su maestro dejó de pronunciar las raras palabras y con un movimiento final de sus manos, la tierra empieza a moverse delante de él, las personas que veían el espectáculo se asustaron mucho. La tierra se empezaba a rajar hacia su aprendiz, pero ella ya conocía ese conjuro y estaba bien preparada para evitarlo. Saltó tan alto que casi podía volar y tan rápido que uno pensaría que era imposible que el druida mas experimentado la esquive.
Pero no fue necesario, mientras ella saltaba como un raptor cazando a su presa, una enorme raíz salió del piso y le agarró el pie. Una vez más cayó de cara al suelo, dejando atrás su majestuoso vuelo. Ya en el piso, más plantas le agarraron el otro pie y los dos brazos. No conforme y sin piedad alguna, Tonel seguía sacando más y más plantas de distintos tipos de la tierra o ramas de los árboles hasta que la niña quedó cubierta por completo.

- Creo que este es el fin -dijo, acercándose-. Digamos que peleaste bien.

Todos quedaron estupefactos con la aparente derrota de la niña que hace seis años vivía con ellos. El silencio mientras Tonel se acercaba era muy tenso, nervios por todos lados, algunos incluso se retiraron de la plaza.
Fueron los veinte segundos mas largos del mundo para ella, estaba enterrada en vida y se sentía totalmente inútil, había sido aniquilada sin poder golpear ni una sola vez a su oponente, había sido humillada frente a las personas que quería. Pero sabía que ese no sería el final, no podía rendirse jamás. No era su estilo.
La multitud soltó un grito de emoción cuando Arimila salió del tumulto de plantas y tierra literalmente encendida fuego. Su cuerpo ardía tanto que se podía sentir el calor a varios metros de distancia, ella era el mismo sol en la tierra. Toda la vida con la que había sido sepultada ahora era cenizas y madera quemada. Toda la gente dio cuatro pasos atrás cuando la enorme bola de fuego comenzó a avanzar hacia el semielfo mientras se iba achicando, quedando sólo sus brazos, que ahora eran alas hechas de la pura energía del furioso fuego. Él quedó tan sorprendido que no reaccionó ante la nueva carga de su aprendiz, estaba recibiendo golpe tras golpe sin defenderse, y ella no se podía detener, tenía tanta furia dentro de sí... No quedaría como una inútil.
Hasta que en un momento dado, del labio de Tonel una gota de sangre empezó a caer por su cuello, y ahí fue cuando reaccionó. Sin dejar pasar otro segundo, dio un salto hacia atrás y con sus dos manos hizo un gesto de atrás hacia adelante y una fuerte ráfaga de viento surgió de la nada. Los sombreros de las personas volaron, los perros ladraron, algunos árboles cayeron y las personas salieron corriendo a sus casas aterradas. Era un gran tornado el que mandó a la pequeña a volar muchos metros antes de desaparecer y por supuesto, las alas de fuego de Arimila se apagaron, dejando a la vista sus inofensivos, pequeños y flacos brazos.

- Has ido demasiado lejos niñita, dejémonos de juegos.

Sacando un vaso de cerámica con un poco de agua en su interior, Tonel la manipuló de manera tal que salió disparada en forma de chorro hacia ella, y en el camino se convirtió en una peligrosa estaca de hielo que explota directamente en la frente y la hace caer desmayada.

- Te falta mucho pequeña.


La arboleda

Un tronco de la arboleda

La arboleda no es un gran lugar, como podría esperarse. Esta constituida por un gran prado central, donde decenas de especies de aves, mamíferos e insectos viven en perfecta armonía con los druidas, amos de la verdor y sus invitados. Caminos formados por tierra sin pasto de tanto transitar unen a los distintos "edificios", habitaciones grandes y pequeñas hechas de ramas caídas, enormes hojas de muchos metros de diámetro, paja, barro y piedras amontonadas, etc. Las más pequeñas son sólo habitaciones para que los que no se queden mucho tiempo tengan un lugar para dormir, les solemos llamar "Telpas", y los mas grandes son campos de entrenamiento o edificios de los mas ancianos y líderes de la organización. No hay demasiados árboles, pero los que hay tienen 250m de altura y sus copas son tan grandes que llegan a cubrir practicamente toda la arboleda y tan densas que las ramas de los árboles mas grandes se fusionaron hace muchísimos de años con las ramas de los otros y lo mismo pasó con sus raíces, es como si fuera un super árbol gigante que en vez de tener un solo tronco tiene muchos mas pequeños, lo llamamos "Huirikimu-Yantokilato" o "Árbol madre". Pero quizás lo mas impresionante de todo, es que este lugar de maravillas esta en una cueva, dentro de las montañas. Por encima de la densa copa de los árboles, todavía se puede divisar la oscura roca del "techo", un tanto tenebroso también. Son pocos los habitantes reales de la arboleda, y todos necesitamos agua para vivir. De un enorme hueco en lo alto de las paredes de roca que nunca llegué a analizar muy bien, sale un enorme chorro de agua, como un río subterráneo que deja caer una hermosa cascada en la que un arcoiris siempre esta presente y crea, al chocar con la tierra, un pequeño oasis, de donde los que viven acá se abastecen. Además, este es el agua del que se alimentan todos los animales y las plantas y árboles del lugar. Debajo del oasis, el agua sigue su camino por otro río subterráneo que se lleva todo lo que no es utilizado hacia quién sabe dónde. Los druidas mas fuertes de la orden están encargados de crear un sol artificial cada mañana entre todos, que abastece de energía a todo el mundo allí adentro e imita el movimiento del verdadero sol en el exterior.

Pero lo que siempre me llamó la atención de este lugar, desde la primera vez que Corpotoc me trajo, fue la tierra. Es lo que conecta a todo. Es tan húmeda, como si siempre estuviese mojada y tan dulce que a veces me tienta a tomar un pedazo y comerlo. Nada en este mundo me hace tan feliz como caminar descalzo por este suelo, sintiendo retumbar los murmullos de los habitantes pasados, sintiendo cada alma querida que nos acompaña incluso después de muerta. Si apoyas tu oreja en ella se oyen cosas maravillosas, al tambor indio de la Tierra, se oye el fuego que sube y baja buscando el cielo, se oyen los ríos en cascadas que no se cuentan, se oyen mugir los animales, se oyen fiestas. Se puede ver en ella la historia del mundo, se puede ver la historia del Gran árbol sagrado de cómo crecieron hermanos los árboles, y de como el padre sol les dio energía a todos por igual, de cómo entendieron que juntos era la única manera de sobrevivir en esas tierras tan marchitas de vida. Se puede estar realmente vivo en este lugar.

Los mas ancianos de la orden siempre cuentan a los nuevos la historia de cuando descubrieron este lugar. Cuentan que esto era un gran bosque, como cualquier otro. Cuando ellos eran más jóvenes estaban huyendo con otro puñado de campesinos de unos poderosos orcos que destruyeron su aldea y los acosaron desde entonces, y eligieron este lugar para refugiarse un tiempo. Extrañamente todo se les hacía muy fácil mientras merodeaban los caminos del frondoso bosque, la comida, la vivienda, el fuego y la diversión. Más tarde se enteraron de que todo era obra de Obad-Hai. Cuentan que él mismo les enseñó a fusionarse con la naturaleza para obtener algunos de sus poderes. Con el paso del tiempo los nuevos druidas fueron adquiriendo grandes, enormes poderes y lograron finalmente después de varias batallas y tras muchas bajas, derrotar a los malvados orcos. Obad-Hai les dijo que les permitiría seguir viviendo en el bosque y aprovechando sus beneficios si prometían cuidar estas tierras de cualquier amenaza externa, pues era una de sus tierras preferidas del mundo. Los jóvenes druidas aceptaron la propuesta y comenzaron a ayudar al bosque a crecer. Por miles de años vivieron alejados del mundo, cuidando y transformando el lugar hasta lo que es hoy en día. Siempre terminan sus historias diciendo que nunca entendieron el fenómeno del Gran árbol.




Los ocho sabios

Obad-Hai les dio el poder a los druidas de crear cuerpos, como nuevos envases de almas. Esta habilidad consiste en moldear desde el barro y algunos elementos naturales nuevos cuerpos muy difíciles de manejar. Por cientos de años muchos de los primeros conocedores de esta tierra han estado viviendo de ésta manera, pero a muchos la vida les pareció aburrida después de mucho tiempo y decidieron dejar de reencarnar. Ocho de ellos, sin embargo, fueron los que hoy en día, después de miles de años, siguen insistiendo tanto en esta técnica, que la han perfeccionado al punto de crear "super cuerpos" que solo comparten consigo y están pensados de acuerdo a sus distintas habilidades.

Aunque los ocho sabios viven en distintas partes del mundo, todos saben cuándo deben presentarse ante los nuevos aspirantes a entrar a la arboleda, cosa que no pasa demasiado seguido. Cada uno de los sabios representa una prueba de igual valor, todas muy importantes, fundamental para poder ser miembro.


700 caras
  • Kraiser

También llamado "setecientos", porque se lo ha visto en mas de 700 formas para realizar todo tipo de tareas. Es muy buen conversador y agradable, además de muy engañoso. Él ha concentrado su entrenamiento en las transformaciones. Cuando veas un ogro, un camaleón o una sirena, puedes tranquilamente sospechar de Kraiser. Él representa la primera prueba, su valor es la fidelidad, porque a pesar de sus setecientos cuerpos diferentes, y que apenas recuerda cuál era su verdadero cuerpo, siempre tiene presente el juramento que hizo como druida. Cuando se presenta ante un aspirante, éste debe voluntariamente recitar un juramento ante Obad-Hai que deberá respetar para toda la vida.


  • Camila
Lady Camila

Ella siempre fue una amante de los árboles, las plantas y las flores. Cuando descubrió la tierra junto con los demás, Obad-Hai vio en ella un increíble potencial, e insistió en que aprenda los poderes para controlar a estos maravillosos seres, él le daría esa oportunidad. Así fue, Camila comenzó practicando con el crecimiento de las plantas para cosechar y luego las raíces de los árboles. Hoy en día, sus piernas han desaparecido, su particularidad es que cuando desea moverse todas las raíces debajo suyo se unen a ella conforme avanza, y vuelven a su lugar y estado original cuando deja el lugar. Es una feroz combatiente, la increíble movilidad que obtiene de las raíces es impresionante, puede elevarse a varios metros de altura o aparecer detrás tuyo en cuestión de segundos. Ella es amable y muy tranquila cuando no tiene nada de que preocuparse, pero cuando lo tiene se vuelve loca y empieza a "correr" para todos lados hasta resolver lo que la inquiete. Para esta elfa el mundo no tiene fronteras, un día aprendió que todas las plantas del mundo están conectadas y se comunican entre sí, y de esta forma logró, fusionándose con una, poder moverse a través de ella y reaparecer sobre cualquier otra en cualquier parte de la tierra.

Camila representa la prueba del conocimiento, y la tarea que les da a los aspirantes consiste en traerle algo de la tierra que ella no conozca aún y que le sorprenda.


Usando el esqueleto de un legendario pez del savia
  • Zander

Zander es quizás el mas simple de todos los sabios, cuando huían de los orcos él siempre caminaba atrás, era uno de los mas hábiles en combate. Y cuando la gran guerra se desató su mano humana se llevó muchas cabezas con orgullo. Eligió el cuerpo de un gnoll porque cree que son los mejores en las peleas y siempre sintió gran fascinación por ellos. Fuera de Karvand hay especies extraordinarias de animales, y él es un gran cazador. Sus vestimentas preferidas son los esqueletos de los animales mas raros que haya conseguido cazar, y sus armas están hechas por él de estos mismos animales.

Zander representa la prueba de ferocidad, dice que para pasar su prueba deben asombrarlo con la prueba de que han peleado con algo muy poderoso, sobrevivido y vencido.


  • Damaera
Damaera

Aunque los ocho sabios dicen ser una gran familia y todos se aprecian y respetan entre si, siempre hubo un lazo muy especial entre Zander y Damaera. Cuando llegaron a estas tierras ellos dos eran casi inseparables, mientras el resto practicaba el druidismo para intensificar sus poderes, ellos eran los que conseguían la comida y les enseñaban a defenderse físicamente a los demás. Damaera es una experta en supervivencia, conoce absolutamente todos los peligros de cualquier lugar, montañas, desiertos o junglas. Y de sus incansables viajes ha adquirido los sentidos de muchos de los animales más hábiles de todo Karvand.

Su prueba siempre varía, pero básicamente siempre es ir a un lugar que ella considere apropiado para el nivel del aspirante y traerle algo que pruebe que la cumplió.


  • Cinna
Cinna le canta a sus plantas

Cinna es la persona mas tranquila que jamás pisó esa tierra. En la ciudad destruida por los orcos, él tenía una hermosa huerta con todo tipo de plantas comestibles y por decoración. Le encantan las cosas sutiles y lentas. Suele no hablarle a las personas mas que lo exclusivamente necesario, pero todo el tiempo esta hablando y cantando a sus plantas, él dice que las ayuda en su crecimiento y las hace ver mas bonitas.

La prueba de Cinna se da por aprobada cuando el aspirante demuestra dominar con fluidez el idioma del druida. Dice que hablar más de lo necesario no tiene sentido, pero que siempre hay que saber hacer uso de las buenas palabras. Puede aprenderse de la manera que sea, incluso adoptarlo a él como maestro, pues nadie conoce mejor el druídico.


  • Nialí
Nialí

Ella es la que maneja todo en la arboleda, nada pasa por allí sin que Nialí se entere, tiene ojos y oídos en todos lados y es casi imposible engañarla.

Cuando llegaron al bosque, Obad-Hai la miró a la cara y le dijo que no le parecía su forma de arreglar las cosas, siempre con engaños y persuasiones. A lo que ella, inteligente y sabia como nadie, respondió con firmeza que la guerra contra los orcos necesitaba todo tipo de artilugios, sin importar lo malignos que fueran. Ningún mortal antes lo había enfrentado de esa manera, por lo que la premio con el poder de crear cuerpos a medida, que luego el resto de los druidas aprendieron y muchos años después perfeccionaron.

Siempre existió una especie de rivalidad entre Kraiser y Nialí, sus medios no son del todo diferentes, ambos seductores y timadores.

Para pasar la prueba el aspirante debe probar su carisma demostrándole que pudo conquistar el corazón de un compañero animal. Ella dice que por mas inteligente y bella que sea, no sería nadie sin Miarina, su leona compañera.


Siempre está bailando
Aylén
  • Aylén y su esposo

Finalmente solo queda la prometedora pareja de la arboleda, Aylén esta casada con su esposo desde su primera vida. Los sabios cuentan que él no fue de los que decidieron dejar de vivir en nuevos cuerpos ni de los que continuaron su vida normales. Él se volvió algo... distinto, muchos lo llamarían loco, en lo personal diría que encontró la felicidad. Seis de los sabios afirman que no soportó la idea de dejar atrás a todos sus compañeros druidas cientos de años atrás, pero tampoco tenía el valor de abandonar la vida de este plano. Aylén siempre los corrige, insiste y se enoja diciendo que él está embriagado por el amor. Como sea, es un ser muy misterioso, siempre esta alegre, bailando por todos lados y con todo el mundo. Acerca de sus poderes no sé nada, rara vez sale de la arboleda para ir a ver a Aylén cuando se ausenta mucho tiempo, como nunca lo vi salir no sé qué medio usa.

Sólo hablé con él una vez cuando me dio la prueba, el resto del tiempo no habla con nadie salvo su esposa. Me dijo... que debía mostrarle una sonrisa sincera para completar la prueba. Tardé seis años para que lo apruebe.

En la arboleda corren muchos rumores, todos los miembros fueron sometidos a las pruebas, y todos tuvieron que hacer algo diferente para él. Muchos dicen que puede ver cuál es tu punto mas débil o qué parte de ti necesitas fortalecer y te da una prueba acorde, otros dicen que sus pruebas son totalmente aleatorias debido a su locura. Como sea, él solo revela su prueba cuando las otras siete fueron completadas.

En cuanto a Aylén, no hay demasiado que decir, ella es atractiva, arrogante y presumida. Fue la única de los ocho que continuó aprendiendo el druidismo puro sin desviarse hacia ninguna rama, creo que ella lo puede todo, aunque no supera a ninguno de los otros en cada especialidad.

Aylén es la única que recuerda el nombre de su esposo, incluyéndolo. Muchos cuerpos atrás él, como el resto de los sabios, olvidó su nombre original. Ella nunca se lo revela a nadie, no sé que clase de secreto es ese...

Su prueba es tan sencilla como mostrarse feliz ante ella cuando regresas de las otras seis pruebas. A mi me tomó dos años más, dije simple, no fácil.




La verdadera aventura comienza

Cuando empiezo a recuperar la conciencia, noto que estoy en una habitación grande de piedra con un colchón de hojas, piso de tierra y el techo muy bajo, esto no puede ser Tilcara. Apenas puedo moverme todavía, abrir los ojos y levantar la cabeza, debo pedirle a Tonel que me enseñe lo que sea que me haya hecho, no tengo coordinación motriz ni pruebas de que mi cuerpo esté entero, esto ya me está asustando.
La siguiente vez que me despierto descubro que ya puedo moverme a mi antojo, todos mis dedos están en su sitio y las piernas y los brazos son dos. Me siento y apoyo la espalda en la pared de roca hasta que la habitación deja de moverse, miro mi cuerpo, no tengo rasguños ni heridas nuevas. Dejo pasar un rato y me dispongo a salir de allí.
Todo es muy.. verde acá afuera, hay unos pocos caminos de tierra y mas casas, o habitaciones, como la de recién, y en el medio de un parque, hablando con otros dos hombres está Tonel.

- ¿Me perdonan señores? Oh pequeña, veo que ya despertaste. Ven, nos están esperando.
- Si, estoy bien, gracias por preguntar y hola para vos también anciano.... Supongo que te acompaño.
- Ja, perdón.
- No pasa nada. ¿Qué es eso de que "los ancianos por fin aprobaron tu solicitud"?
- Verás Arimila, este lugar es la orden de la arboleda verdeante...
Mientras caminamos tonel me va explicando qué es este lugar, cómo se cuida, cómo se creó, que estuve dormida por tres meses (¡¿Tres meses?! ¿Qué me hizo?) y tantas otras cosas que me olvidaré en una semana. Pero resaltó mucho que cuando veamos a los "ocho sabios" debía ser muy respetuosa, pues ellos son los druidas mas fuertes del mundo, que no ande con juegos y que sea seria. Entramos a una puerta de un árbol que tenía escaleras hacia abajo y después de muchas curvas, pasadizos secretos, escaleras y otras cosas que aunque intenté recordar, olvidé mientras bajaba, por fin llegamos a una puerta final.

- ¿Estás lista?
- Creo que en una semana más estaría lista.
- Te dije que sin bromas esta vez pequeña.
- ¡Que aburrido sos!
- ... Ahora no digas nada a menos que se te ordene, andando.

Tonel abre la puerta y yo la miro, no hay nada adentro, un metro por un metro de nada, solo madera, qué decepción. Nos metemos y él vuelve a cerrar la puerta. Era un cuarto muy chiquito. De repente la puerta empieza a irse para abajo, no, un momento, nosotros nos movemos hacia arriba. Volvemos a abrir la puerta, esta vez, una habitación enorme con muchos decorados, figuras animales en los techos y plantas que nunca había visto colgando por doquier. Sin importar en qué dirección vea, alrededor mio están esas ocho personas que supongo deben ser los sabios, y detrás de cada uno una estatua de madera de ellos. Están sentadas en una mesa circular que recorre toda la habitación y deja el centro libre para mi. Son menos viejos de lo que me imaginaba, para tener miles de años.
Nadie dice nada por unos minutos, y claro que yo tampoco, haciendo caso a lo que Tonel me ordenó. Todos me miran de arriba a abajo muy detenidamente, parecen fijarse en cada centímetro de mi, cada tanto desvían sus ojos para encontrar la mirada de uno de sus compañeros, como si se dijeran cosas de alguna manera. Son muy raros. Uno de ellos, el que tiene pelo verde parecido al mio apoya los codos en la mesa, con fuerza como queriendo llamar la atención, y entrelaza los dedos de las manos. Es el primero en hablar:

- ¿Arimila Daérgel verdad?
En realidad pasó tanto tiempo que no recuerdo el apellido del clan de mis padres, así que respondo como puedo.
- Eso creo...
- Arimila Daérgel, es correcto señor - interrumpe Tonel.
- Mm, ya veo -el hombre parece estar buscando algo en unas hojas de papel escritas que tiene-. Tu solicitud fue enviada hace 27 años -vuelve la mirada hacia ella- ¿Cuántos años tienes jovencita?
¿27 años? ¿Que hiciste Tonel?
- Veintiséis señor.
- ¿Veintiséis eh? Ya veo... ¿Y por qué quieres entrar en la arboleda a tan corta edad Arimila Daérgel de 26 años?
Buscando en mis recuerdos como no muchas veces me sucede respondo:
- ¡Para ser un druida completo señor!
- Es la nieta de Corpotoc Kraiser -vuelve a intervenir Tonel- y yo he enviado la solicitud para verlos hoy. La pequeña tiene el poder de su abuelo, corre por sus venas y debe aprender a controlarlo.
El hombre pareció muy impresionado, porque sus ojos se abrieron como los de una lechuza del bosque de Krynn. Todos los de la mesa empezaron a hablar entre murmullos y mirarse con los de enfrente, parecían poder comunicarse con miradas también, hasta que por fin Kraiser volvió a hablar.
- Conoces las reglas Tonel -dice, acariciando su mandíbula-, ella no será tratada de ninguna manera especial.
- No me gustaría si fuera de otra manera.
- Arimila Daérgel, de veintiséis años, nieta de Corpotoc, venida de Krynn, que quiere ser una druida completa. Para ser aceptada en la orden de la arboleda verdeante deberás ser capaz de completar ocho pruebas fundamentales, demostrando que eres digna de llevar el título de druida entre nuestra gente ¿Aceptas la responsabilidad?
- Suena divertido.. ¡Claro que si!
- Mi nombre es Kraiser. Deberás recitar ante mi una promesa que le harás a Obad-Hai, esta será tu prueba de fidelidad ante él como druida. Hace tiempo todos debimos hacer nuestro propio juramento que seguimos por el resto de nuestra vida. Si decides continuar, el primer paso será acompañarme a un sitio apartado para realizar tu promesa.
Sin pronunciar palabras me acerqué a él y Kraiser se levantó de la mesa. Caminamos unos metros hacia la pared de madera oscura, que abre con un poco de magia y allí nos metemos. Parte del juramento es jamás contarle a nadie qué juré, así que voy a saltear esa parte.
Salimos y vuelvo al centro de la gran mesa redonda. Kraiser se sienta en su lugar y extiende la mano, dando la palabra a un hermosa elfa sentada a su derecha.
- Es un honor Arimila presentarme ante la nieta de Corpotoc, mi nombre es Lady Camila, prometo ser breve. Todas las personas que veas en la orden no son sólo hombres que decidieron ser fieles a nosotros, sino que buscamos cosas especiales en ellos. Mi trabajo es buscar la inteligencia y la capacidad de búsqueda de esta gente. Para mi prueba deberás traerme algo que yo no sepa o conozca sobre la naturaleza de este mundo, tan simple como eso.
Asiento y Camila extiende su mano igual que lo hizo Kraiser, hacia su derecha. Un hombre con pelaje como si fuera un animal, dientes y garras largas se encontraba allí. Habla abriendo mucho la boca y escupiendo cada tanto, rápido y de una manera muy agresiva:
- Niñita, niñita. Zander es mi nombre y vos vas ser una deliciosa comida para dragones. Tráeme la piel de un dragón y conmigo estarás a mano.
Vuelvo a asentir y ahora es el turno de la segunda chica.
- Me disculpo por mi amigo Arimila, a veces se le escapan ciertas.. cosas que quizá te asusten un poco, pero es una buena persona. Yo soy Damaera, y para mi la supervivencia es lo más importante. Cuando salgas de este sitio, Lady Camila te llevará a un lugar especial, ya le dije a dónde. Si eres capaz de regresar en una parte, o en varios pedazos, a mi no me interesa, habrás pasado mi prueba.
Damaera se para y hace una reverencia, extiende su brazo con la palma abierta y el siguiente hombre habla. Un señor pelado de piel blanca, se siente paz de solo mirarle la cara. Espera unos 20 segundos y cuando por fin habló solo dijo "Cinna. Aprende ogham". Fue extraño, ¿Será que no le caí bien? No sé, pero también extiende la mano. Hay una mujer muy bonita que sólo muestra la mitad de la cara, y la otra la esconde detrás de un cráneo de algún venado o algo así.
- Por fin es mi turno, sentía que no llegaría a hablar nunca ¡No me gusta nada que me hagan esperar! Veras niña, yo soy Nialí, el cuerpo fundamental entre los ocho, aunque cualquiera te diga lo contrario, sin mi ellos no serían nadie.
- Quisiera...
- ¡Shh! ¡no interrumpas niña! Como ya te dijeron mis colegas mas inteligentes, buscamos ciertas cosas especiales entre cada miembro de la orden. Mm, veo que estás muy sola. Ya sé, para pasar esta prueba deberás mostrarme cómo conquistaste el corazón de un animal para que te siga a donde vayas. Eso será todo, si. ¡Te toca a ti hombre extraño -le grita al siguiente-!
El hombre está con los ojos cerrados y moviendo la cabeza de atrás para adelante y golpeando suavemente la mesa con sus dedos.
- Deja que hable por él -interrumpe la mujer que esta a la izquierda de Kraiser-, yo soy Aylén y él es mi esposo. Cuando regreses de tu viaje te diré cuales son nuestras pruebas, por ahora eso es todo.
Kraiser y Camila se me acercan y se ponen en frente mio, es el hombre quien habla:
- Sé que son poco amigables, extraños y a veces poco respetuosos, pero créeme que nos importas mucho a todos. Tienes todo el tiempo que quieras para completar estas pruebas, nosotros ni siquiera te esperaremos, pero no tenemos duda alguna de que eres capaz. Ve con cuidado Arimila.
- Despídete de tu maestro Arimila, no lo verás en un largo tiempo -me dice Camila, mientras se agacha para estar cara a cara-.
Le doy el abrazo mas fuerte que jamás dí a Tonel, entre llantos y gemidos.
- ¿Tengo que temer?
- Confío en ti pequeña, no olvides quién te entrenó jaja... Cuídate mucho Arimila -y por primera vez Tonel me abraza.
Camila se aparta y se pone en frente de cuatro plantas diferentes.
- ¡Es hora de irnos Arimila, ven aquí!
Le tomo la mano, sin dejar de mirar a Tonel en ningún momento y ella empieza a decir unas palabras.

¡De repente todo cambia! Tonel, la mesa, las plantas, los ocho sabios, todo desaparece. Miro a mi alrededor. Estamos en una cueva, no hay nada mas que un par de plantas parecidas a la que Camila tocó antes de irnos.
- No puedo decirte qué lugar es este linda, pero es el lugar de donde Damaera quiere que salgas con vida. Ahora yo debo irme, todos tenemos mucha fe en ti Arimila, no nos decepciones -Camila sonríe y vuelve a irse tocando la misma planta por donde llegamos-.
Ahora estoy sola, el lugar es cálido y muy húmedo, mirando a la salida veo muchas plantas de muchos colores y tamaños, enormes árboles y algunas aves. ¿Qué será este lugar?




Corazón animal

Habían pasado unos minutos hasta que pudo reaccionar ante la desaparición de la elfa. Tenía que empezar a moverse. Recordó entonces un truco que Tonel le había enseñado para cuando se encontrara en un lugar desconocido:
- Mira pequeña, te voy a enseñar algo que te servirá algún día –el hombre se puso en cuclillas y puso su mano derecha entera en la arena del desierto-, acércate.
- -Ella se puso al lado e imitó su postura- ¿Así? ¿Qué vamos a hacer ahora?
- ¿Tan impaciente como siempre, verdad? ¿Sabes algo de este desierto?
Arimila se puso a mirar a su alrededor, sólo había dunas de arena hacia donde mirara, quizá algún pájaro a lo lejos.
- Hay mucha arena Tonel.
- Eso es lo que ves, pero para lograr ser una gran druida deberás aprender a usar el resto de tus sentidos, no sólo tu vista y tu oído. Vuelve a intentarlo con los ojos cerrados.
La niña cerró sus ojos e intentó sentir otras cosas en la arena, pero su atención se desvió hacia el graznido de un ave lejana.
- ¡Lo escuché, el pájaro!
- Bueno, si, es cierto que hay un cóndor de pico plateado allí, pero intenta ir más a fondo, usar de verdad tu nariz y tus dedos para describir mejor este lugar. Vamos, inténtalo una vez más.
Esta vez se concentró a tal punto que pudo sentir cómo bajo sus pies algo se movía, debajo de la arena. Se asustó y cayó de un salto hacia atrás. Su maestro la miró intrigado y después de unos segundos rió:
- Era sólo una inofensiva víbora, pequeña.
- Si, supongo que no la vi venir.
- Sigue intentándolo y al caer el sol me dirás algo más sobre este desierto.
Así fue, la niña continuó el ejercicio de su maestro, y al cabo de un par de horas podía sentir los movimientos de los reptiles más grandes, los escorpiones más pequeños, las miles de hormigas que trabajaban juntas en su hormiguero y los ratones más sigilosos del desierto sólo usando su mano. Pudo además, descubrir por medio de su olfato que en ese inhóspito lugar, había varios pozos de agua, donde incluso vivían algunos pececitos y plantas que crecían cerca.
Bajando el sol le contó todo esto a Tonel muy sorprendida por todas las cosas que había en el desierto, además de arena y un pájaro y él quedó orgulloso del rápido progreso de su alumna con la técnica:
- Felicidades, te ganaste unas buenas frutas el día de hoy – moviendo ligeramente su mano sobre la arena hace aparecer una gran sandía y dos apetitosas manzanas –. Prométeme que seguirás perfeccionando esta técnica, estoy seguro de que serás maravillosa en eso. Con el tiempo podrás hasta sentir el gusto de las partículas del aire y encontrar las comidas más deliciosas, o dar caza a un grupo de orcos sin que te vean.
- ¿Qué es partículas?
Con la mirada perpleja, el semielfo empezó a caminar hacia el horizonte desértico, seguido de su aprendiz, que seguía molestándolo con la pregunta.
Así fue entonces como decidió actuar, quería saber qué había más allá de la cueva pero sin ponerse en peligro. Se puso en cuclillas, apoyó su mano derecha sobre la tierra y agudizó todos sus sentidos. Al cabo de unos segundos las sensaciones la invadieron, cientos de pisadas que no cesaban, millones de alas de insectos revoloteando alrededor de las miles de flores, que a su vez despedían un olor único cada una, la peste de muchos animales que no se bañan muy seguido y el delicioso pelaje suave de los que sí. Algunos simios peleándose arriba de los árboles, gritando y gruñendo, felinos acechando a sus presas en el casi absoluto silencio. Los cantos de las aves que eran respondidos por sus parejas, la tierra siendo removida por un millar de insectos, los ríos que corrían por encima y por debajo de la tierra con las lenguas de los animales sedientos, las hojas sopladas por el viento. Todas las sensaciones comenzaron a llegar sin cesar a la vez, eran demasiadas, tanto que no pudo soportarlas. Todos los sonidos, olores y vibraciones empezaron a mezclarse ente sí, formando nuevas sensaciones inexistentes que a la vez se entrelazaban para poder caber en la cabeza de la aprendiz de druida. Fue tanto el esfuerzo por contener, entender y ubicar todo eso que a los diez segundos su cabeza colapsó y Arimila cayó desmayada dentro de la cueva donde una elfa había dejado minutos atrás.

Arimila jaula.png

Quién sabe cuánto tiempo pasó desmayada. Cuando abrió los ojos, barrotes de acero de una celda la rodeaban desde todos los ángulos, adelante y atrás, arriba y abajo. Estaba enjaulada y colgando a tres metros de la tierra. Su primera reacción fue escapar con magia, pero al intentar romper un barrote descubrió que no salía ningún conjuro, algo la estaba bloqueando. Empezó a patear, morder e intentar doblarlos con la fuerza, pero todo era inútil, eran muy duros. Horas y horas intentando en vano romperlos de mil maneras diferentes para por fin escapar de esa prisión, varias horas hasta que exhausta cayó dormida.
Unas voces lejanas la despertaron, empezó a gritar por ayuda y las misteriosas personas acudieron. Eran dos elfos, el primero con un largo arco con la madera dibujada con muchos detalles y un carcaj lleno de flechas, pelo corto y negro y un ojo emparchado. Estaba acompañado de una mujer, pero ésta llevaba dos espadas en la cintura y dos en la espalda, su pelo era más largo y del mismo color; envuelta en todo su cuerpo tenía a una larga y delgada serpiente, de color blanco y con manchas amarillas por todo el cuerpo, que la recorría empezando con unas vueltas por su pierna derecha hasta llegar a la cintura, una vuelta más por el torso y subía por la espalda, pasando por el hombro izquierdo y finalmente quedando su cabeza en el pecho de la elfa. Ambos usaban ropajes verdes y de cuero. Acompañándolos, una enorme bestia estaba a la derecha del arquero, un reptil cuadrúpedo, con una silueta similar a la de un toro, una cola bastante larga y gruesa, cubierto por una piel de púas de color gris, como la piedra, y con dos gigantes cuernos en la cabeza apuntando hacia delante, listo para matar.
El elfo miró a su compañera y luego se acercó corriendo:
- ¿Qué sucedió? De seguro fueron los orcos.
- No sé, me desmayé en una cueva donde me dejó otra elfa y aparecí acá ¿Podrían sacarme?
La mujer cubierta por la serpiente se acerca corriendo, se agarra de la jaula con una mano y dando un giro en el aire se pone a la altura de la cadena que sostiene la jaula, saca una de sus espadas con la mano libre y da un buen golpe, haciendo que toda la estructura caiga al piso:
- Estas jaulas las usan los orcos para inhabilitar la magia de quienes estén dentro ¿Ahora que está desarmada puedes liberarte sola verdad? ¡Demuestra que puedes sernos de utilidad!
El elfo, que se quedó admirando el espectáculo de acrobacia, se acercó con una sonrisa:
- Lo que mi hermana quiere decir es que si usaron esta celda debes ser una maga, o diría más bien una druida por tu aspecto ¿Verdad?
- Si, si. Muchas gracias señorita, hace ho…
- Ahora escucha –interrumpió el hombre del arco –, los mismos orcos que te enjaularon son los que aprovecharon que salimos de nuestro pueblo para así atacarlo, y creemos que aun tienen prisionera a nuestra familia, o al menos parte de ella.
- Esos malditos, hay que darles una lec…
- No, no. Sólo escucha – volvió a interrumpir el siempre sonriente hombre –. Estamos yendo a aniquilar a esas bestias salvajes y algo de ayuda no nos vendría mal ¿Sabes?
”Sal de ahí y demuestra que eres digna de pelear a nuestro lado, de otra manera usaremos tu cuerpo como carnada. Adelante.”
Con un pequeño esfuerzo y unas palabras en druídico toda la celda empieza a volverse maltrecha, despedazarse y oxidarse, como si los años corrieran para ella. Cinco segundos después la niña rompe los barrotes de un manotazo, liberándose, y se asegura de partir todos antes de irse. Cuando terminó de desquitarse, se acercó un poco más a los elfos:
- Soy Arimila pequeña Daergel.
- No interesa –responde la otra mujer, empezando a caminar –.
- Discúlpala –dice el arquero con su mejor sonrisa –, cuando mi hermana tiene algo en mente sólo eso le importa, y entenderás que hablamos de rescatar a nuestra familia…
- En realidad – la druida revolea un poco los ojos y se rasca la cabeza –, yo no sé bien cómo es eso de la familia.
Luego de unos momentos caminando, la espadachín indica que la tribu de orcos estaba a dos horas de allí. Así caminaron hasta llegar a un lugar del que se podía ver a las bestias.
Eran muchísimos, estaban todos dispersos por el territorio, algunos comiendo una pata entera de algo, otros peleando entre sí. Había orcos arrojando rocas, como compitiendo por quién era el mejor en eso, más atrás había uno recostado sobre una roca, con un taparrabo de piel y con muchas orcas alrededor:
- Ese es Gulk’mot, el líder y más poderoso de la tribu, hay que tener cuidado con él, entre ellos lo llaman “El desgarracuellos” en su lengua, porque es donde siempre ataca – susurraba el hombre.
- Cincuenta y cuatro –comenta la elfa – ¿Crees poder matar a dieciocho, druida?
- ¡Claro que si! ¡No me subestimes por ser chiquita!
- Nadie dijo nada de… sólo acabemos con esos malditos.
Arimila continuó observando la aldea. Algunos elfos estaban siendo asados vivos, gritando de dolor y otros estaban cerca esperando su turno, la mayoría llorando. Cinco se levantaron al mismo tiempo e intentaron correr hacia fuera, pero los orcos los alcanzaron sin mucho esfuerzo y les cortaron las piernas para que no siguieran molestando. La niña notó que apartados había unos corrales delimitados con estacas de madera y huesos muy grandes, con los elfos desnudos dentro. La familia de sus compañeros, eran muchísimos, por lo menos cincuenta, todos amontonados y siendo golpeados por la tribu opresora que se divertía. Eran de tes y pelo muy similares a sus futuros rescatadores. Miró un poco mas a fondo, y no demasiado lejos, estaban unos corrales iguales a las anteriores, pero esta vez con muchísimos animales dentro, había tortugas, cocodrilos, grandes sapos, etc. La piel de la niña se erizó al ver el estado en que tenían a los pobres, y la furia comenzó a crecer, tanto fue el odio hacia los orcos que sin pensar en otra cosa salió corriendo, dejando la seguridad del escondite, en dirección al centro de la tribu.
“Sabía que era una mala idea traerla” le dijo la elfa a su hermano antes de salir corriendo a acompañar a Arimila. La pequeña se posó en un lugar y empezó a recitar cosas en druídico, de repente en toda la aldea empezaron a salir raíces del piso, destrozando las precarias carpas y agarrando de las piernas a cualquier orco que no fuera suficientemente rápido como para percatarse de la situación y esquivar las plantas. La elfa se para un momento al lado de Arimila y contempla todo lo que estaba pasando, muy asombrada. Cuando desvió su vista al cielo, éste se estaba nublando, tornándose gris de repente. Los orcos que lograron esquivar o escapar de las raíces empezaron a correr en contraataque, gritando enfurecidos, pero la habilidosa espadachín se dedicó a proteger a la niña. Mientras avanzaba segura de su habilidad, entre piruetas, saltos y pequeños jadeos iba cortando cuellos, brazos y piernas, haciendo parecer que toda la matanza no era más que un simple baile. La serpiente, con pura frialdad, luchaba a su lado perfectamente sincronizada, era como una tercera espada que iba matando más y más orcos; se retraía hasta la vuelta de la cintura y funcionaba como un arma de medio alcance, protegiendo la espalda y los flancos de su ama. Al mismo tiempo caían flechas desde atrás, el elfo arquero no dejaba de disparar, sin fallar. Tenía exactamente 12 flechas y mató a 18 orcos que no llegaron ni a gritar de dolor antes de morir. Las víctimas que quedaban atrapadas por las raíces del piso veían, inmóviles, cómo éstas subían por su cuerpo hacia su cuello hasta intentar ahorcarlos, y algunos cayeron asfixiados. Los que corrieron con suerte y lograron resistir su fuerza eran chamuscados por rayos que comenzaron a caer desde el cielo por la aldea con toda la furia de la druida.


Cuando quedaron ya pocos peleadores del lado de los salvajes, Gulk’mot se levantó y empezó a correr a toda velocidad contra Arimila al poderoso grito de: “¡¡Aaahhhhhh!!”, arrolló a la elfa, que no pudo reaccionar tan rápido y quedó tendida en el suelo, gimiendo del dolor por los pisotones. El líder de la tribu seguía corriendo y la pequeña aún estaba conjurando, en ese momento se paralizó del miedo y no pudo concentrarse en esquivar, sólo se preparó a recibir el ataque final del desgarracuellos. Pero de un costado salió el enorme reptil, que se había quedado atrás esperando el momento oportuno para entrar a pelear, con un rugido que hizo retumbar el aire. Las dos bestias chocaron entre sí y el piso tembló, el orco agarró al dinosaurio por los cuernos e intentó darlo vuelta por encima suyo, pero por mas esfuerzo que hiciera era demasiado pesado. Mientras estaban forcejeando, el animal comenzó a escupir sangre por la boca y segregarla por la piel y los cuernos, cuando ésta tocaba la piel del orco se podía sentir a lo lejos su piel quemándose, y un grito agudo salió de él. Las manos sueltan a los cuernos y Gulk’mot da una voltereta por encima del animal, quedando en su lomo, y con una sonrisa en la cara pronuncia las palabras: “¡¡Tarkam Gruumsh granséeeeeee!!”; instantáneamente rodea el cuello de la bestia con sus brazos e intenta quebrarlo con toda su fuerza. Todo el cuerpo del peleador estaba siendo cortado por las púas del dinosaurio y quemado por la sangre ácida, y a pesar de los desgarradores gritos en una mezcla de dolor y enfado, seguía intentándolo. En eso, la elfa se reincorporó y volvió a la pelea. Espada tras espada tras colmillo atravesaron la piel del orco, que no dejó de ahorcar a la bestia hasta que el enorme animal gris cayó al suelo y, sin emitir sonidos, dejó de respirar.
Con tanta sangre tanto suya como de su última víctima por todo su cuerpo, el líder voltea su cabeza hacia quien lo estaba apuñalando y con una mirada desequilibrada y desquiciada, pasa su lengua por los labios, saboreando la sangre ácida:

Gulk'mot, el desgarracuellos

- Gulk’mot trrefe Gruumsh fraa –pronunció entre susurros, lo que hizo retroceder unos centímetros a la elfa.
- ¡No lograrás tocarme otra vez bestia inmunda –tanto ella como su serpiente compañera se pusieron en guardia, esperando el inminente ataque –, ataca si te atreves!
Mientras los últimos de la tribu eran chamuscados, asfixiados o salían corriendo, el hermano de la espadachín se dedicó a buscar otra vez las flechas que había usado y logró juntar cinco. Cuando volvió a mirar la situación, su compañero dinosaurio estaba tirado en el piso, inmóvil, cosa que lo hizo vacilar un instante “¿Sería mejor escapar? ¿Debería dejarlas peleando a ellas dos y escapar con mi familia a salvo? Claro que no, si no lo asesinamos ahora no podré sólo contra él cuando busque venganza.” Miró una vez más la situación y esta vez los dos estaban peleando uno a uno, puñetazo tras puñetazo su hermana esquivaba y cuando veía una abertura en la defensa de su adversario un corte le hacía, de igual manera peleaba la serpiente, se retraía y se estiraba todo el tiempo para pegar un mordisco. El orco atacaba con tanta furia como con tranquilidad evadía la elfa, y su enojo crecía. Gritos cada vez más fuertes acompañaban cada puñetazo. Era el momento preciso donde debía disparar, era el mejor momento de la estrategia de su hermana, que sólo esperaba ese tiro. Disparó. El desgarracuellos, muy atento a la flecha, dio un paso atrás para salir del alcance de la mujer y paró la flecha con su mano, sosteniéndola en su puño: “¡Torka mijor, jamu nifrakle!” le gritó inmediatamente, soltó la flecha y continuó atacando a su objetivo anterior.
El arquero debía mejorar su técnica, sabía que fallaría otra vez si no intentaba otra cosa. Volvió a sacar una flecha de su carcaj y apuntó otra vez con su arco “¿Dónde darle para que no lo espere? ¿En qué momento?”. Esperó un tiempo, que para la elfa ya cansada y jadeando, fue una eternidad: “¡¿Qué esperas?!”, pero no había ningún hueco mejor que el anterior. Llevó su mano al carcaj y esta vez puso dos flechas en la cuerda, tensó y disparó. Una detrás de otra, procuró que desde el ángulo del objetivo sólo se viera la primera y que la segunda quede oculta. Una vez mas el orco alejó a su contrincante, miró directo a la primera flecha, soltó lo que pareció ser una corta risa y con una gran energía estiró su puño directo al proyectil, que hizo que ambos se quiebren en muchos pedacitos. La lucha entre los dos combatientes continuó, y el elfo se tiró al suelo de rodillas, en sus últimos años nunca había fallado un disparo:
- ¡No puedo hacerlo, es demasiado bueno!
- ¡Claro que puedes, haz acertado miles de flechas en estos últimos años – responde su hermana, ya muy cansada-!
- ¿Pero no viste lo rápido que es? No soy tan bueno.
- Claro que sé lo rápido que es, le haz acertado a enemigos más difíciles, intenta una ve…
Mientras la mujer intentaba hablar con su hermano su velocidad se reducía en un grado casi imperceptible, casi. En uno de los ataques de la serpiente, la elfa reaccionó una fracción de segundo tarde y no retrocedió tan rápido como lo estaba haciendo. Gulk’mot aprovechó ese tiempo para dar un manotazo y atrapar a la serpiente en pleno estiramiento y sostenerla en su puño. La mujer y el líder de la tribu quedaron inmóviles, parados uno frente al otro unos segundos, y finalmente el orco dio un sanguinario mordisco al cuello del animal y separó su cabeza del resto del cuerpo, disfrutando de su sabor. Empleó los segundos restantes para terminar de comer la cabeza blanca y amarilla, gozando a su rival, mientras el resto del cuerpo de la serpiente caía al piso, separándose de la elfa, que había entrado en shock y quedado paralizada en frente suyo.
“Ese será el momento – pensó el elfo – cuando vaya a rematarla será el momento para disparar”. Corrió con toda su velocidad hacia un árbol donde estuviera seguro de la vista del orco. Preparó una flecha y desde una rama apuntó, esperando al segundo adecuado en que baje la guardia. Gulk’mot ya parecía divertirse, aunque su respiración empezaba a agitarse se notaba que disfrutaba de la pelea. Cuando vio que su objetivo apuntó sus manos al cuello de su hermana, soltó la flecha. Esta iba directo a la cabeza, estaba seguro de que había acertado. Fue cuando el proyectil estaba a mitad de camino que el orco lo vio de manera muy confiada, agarró con su mano izquierda la cabeza de la elfa paralizada de enfrente suyo, levantó su cuerpo entero y la puso en la trayectoria de la flecha, haciendo que ésta atraviese el cráneo y su punta salga manchada de sangre del otro lado, quedando en la cara del orco.
Resignado ya a la derrota, el elfo saltó desde la rama del árbol con una patada voladora hasta el orco. Tanta fue la fuerza de la furia del joven, que Gulk’mot salió volando dos metros atrás y quedó tirado en el piso, sin nunca soltar el cuerpo de la mujer. Con los ojos llenos de fuego, las cejas fruncidas, la boca tan abierta y con el grito mas alto que el elfo pudo dar se lanzó con un puñetazo volador hacia la cara del líder que yacía en el piso “¡¡¡Aaaaaaahhhhh!!!”. Acertó el golpe, y otro detrás de este, y uno más, y un próximo, y así siguió “¡Eso si que no te lo voy a perdonar!”. Golpe, golpe, golpe. Pero a pesar de la cantidad de ataques que recibía, el orco sostenía una risa que no cesaba “Aa tan rof”, pronunció al agarrar con su mano derecha al elfo del cuero de la ropa que llevaba en el pecho. Lo levantó en el aire mientras él se reincorporaba, el hombre gritaba de desesperación “¡No, no por favor!”, apuntó al árbol más cercano y lo lanzó contra él con tanta fuerza que todo el lugar tembló. En la otra mano aún tenía a la hermana, agarró con su mano derecha el resto del cuerpo de la mujer y con un solo pero prolongado tirón, después de escuchar cómo se descocía toda la piel y los huesos se separaban, se quedó con sólo la cabeza en su mano. Apuntó con su brazo izquierdo al elfo que, aunque tenía los ojos abiertos aun, estaba demasiado débil para poder hacer algo, y simplemente la lanzó. La potencia del choque de cráneos fue tan grande que los dos rompiéndose entre sí pudieron haberse escuchado en varios cientos de metros a la redonda.


Fue entonces cuando el desgarracuellos comenzó a reír a carcajadas, ya había ganado la batalla y toda la comida era para él solo, sólo quedaba la más indefensa de los tres. Cuando empezó a buscar a la más pequeña y verde de sus adversarios la encontró rompiendo las celdas de los elfos y los animales para que escaparan:
- No se preocupen señores, yo los sacaré rápido.
- Eres muy valiente para ser tan pequeña –le dijo un anciano cercano – ¿No deberías estar en algún otro lado?
- Vas a ser el último viejo – le respondió con desprecio.
Todos los elfos desnudos salieron corriendo hacia el bosque, perdiéndose en la maleza en distintas direcciones. Mientras tanto, la niña terminaba de romper la prisión de los animales. Aunque casi todos corrieron con sus amos, unos pocos quedaron a su lado para devolver el favor. Ella entendió a la perfección su postura de ataque hacia el orco “Correcto, derribémoslo”. Una enorme tortuga con afilados pinchos de 25cm de largo en el caparazón, que es del tamaño del orco. Largas, fuertes y escamosas patas traseras, como pertenecientes a otro animal. Se mantiene en una posición parecida a la de un sapo, con una tranquilidad y quietud admirables. El otro, un animal escamoso similar a un velocirraptor de tamaño considerable, con delgadas púas que se erizan por la espalda, cola y patas delanteras, brillando debido a un líquido claro. Se mantiene erguido, en su babosa boca se ven enormes dientes y en sus cuatro miembros se pueden ver grandes garras como garfios.
Gulk’mot había terminado una gran batalla contra los dos elfos. Ensangrentado por donde lo vieras, el veneno de la serpiente corría por sus venas. El defensor ya estaba muy débil, su cuerpo se movía con lentitud y su respiración era muy rápida. Pero allá iría, dio un gran salto que recorrería los 30 metros que lo separaban de la niña y con los dos puños en alto la aplastaría. A tiempo reaccionó la tortuga desde detrás, impulsándose con sus dos patas de rana, y dando un salto igual de increíble se puso en frente de Arimila y el puñetazo doble golpeó en las púas del caparazón, clavándoselas muy profundo. El guerrero dio un salto atrás y gritó, lamentándose por el golpe que acababa de dar: “Tamera Grumsh kulke, tarkoma fintulsh nago…”. Mientras el orco seguía diciendo cosas en su propio leguaje, Arimila aprovechó para empezar a excavar hacia su enemigo, la tortuga volvió a adoptar su postura inicial y el dinosaurio empezó a correr a toda velocidad hacia el orco, que hablaba desprevenido. Lo embiste con las patas traseras en el pecho y da dos zarpazos con las garras delanteras. Mientras el desgarracuellos caía hacia atrás, sintió un doloroso mordisco en su propio cráneo, que aunque no llegó a romperlo, entendía que el animal hacía fuerza para un lado y para el otro, como queriendo arrancar su cabeza. En eso una mano de la niña sale desde la tierra y toca la pierna lastimada del orco, depositando en ella muchos gusanos que empezaron a meterse por las heridas. Gulk’mot dispara al reptil con una patada doble hacia atrás, se reincorpora e intenta otro puñetazo volador, esperaba la misma reacción de la tortuga, que efectivamente saltó hacia él con la intención de defender a su compañero. El salvaje líder, esperando esa situación, tomó los bordes de la coraza, y con un tremendo odio metió su mano dentro del orificio por donde la tortuga sacaba la cabeza, ocultando su brazo entero, y ella empezó a desesperarse. Para ese entonces el dinosaurio se logró reincorporar y volvió a la carga, con un rugido agudo y atemorizante saltó hacia el orco, pero fue rechazado, Gulk’mot usó el cuerpo entero que tenía en su brazo para repelerlo y mandarlo a volar hacia un costado, lastimándolo con las púas de su propio compañero. Las patas de la tortuga se movían como cuando un niño se está ahogando, no podía hacer nada, y al cabo de unos instantes de lucha, del caparazón empezó a salir muchísima sangre al tiempo que la tortuga dejó de moverse.
Los gusanos empezaron a expandir su terreno hacia el resto de las heridas, de su pierna a su cintura y de ahí a su otra pierna. Gulk’mot cayó al suelo y nuevamente la mano de la niña emergió de la tierra para incubar más gusanos sobre su enemigo. Pero esta vez el desgarracuellos tomó la mano y la intentó sacar de la tierra con un tirón, pero no su cuerpo estaba muy cansado y no lo logró. Intentó un nuevo tirón y esta vez pudo sacarla. Los nuevos gusanos lograron a infestar el cuerpo lastimado, esta vez desde el brazo, y antes de perder casi toda su fuerza mandó a volar a la pequeña de un fuerte puñetazo hasta el mismo árbol donde habían quedado los elfos. Arimila cayó inconciente con un solo golpe.
Gulk’mot cayó al piso de rodillas, exhausto y casi sin poder respirar. El raptor saltó una tercera vez hacia él y repitió el ataque, lo tiró al piso y empezó a morderlo y arañarlo, la víctima casi no se defendía, dando manotazos al aire y maldiciendo al animal, ya no le quedaban fuerzas. Casi sin esperanza, el orco grita sus últimas palabras “Gruuuusmsh, take mairan toni ¡Aaaaaaaahhhhh!”, acto seguido, agarra con una mano la cabeza del raptor y lo levanta por encima suyo, estampándolo contra el piso, lo vuelve a levantar y lo estampa del otro lado, y vuelve a hacerlo. Siete golpes iguales recibió el animal, y en cada uno sufría como si fuera el último de su vida, siete que recuerde, porque ahí se desmayó. Lo cierto es que después de algunos más, arrojó al raptor hacia un lugar sin apuntar, y mirando a todos sus enemigos derrotados, Gulk’mot, el desgarracuellos, líder de la masacrada tribu orca, cayó al suelo de espaldas y se quedó dormido. Los gusanos de su cuerpo nunca dejaron de comer la carne por dentro, hasta que ya no quedó nada, y luego desaparecieron.


Lagarto

Imaginen, pues, mi sorpresa cuando, al romper el día, me despertó una extraña vocecita que decía:
- Por favor...; ¡Dibújame un cordero!
- ¡Eh!
- Dibújame un cordero...
Me puse de pie de un salto, como golpeada por un rayo. Me froté los ojos. Miré bien. Y vi un lagartito extraordinario que me examinaba gravemente. Parecía ser amigable, sus ojos eran infinitamente curiosos, nunca dejaba de mirar cosas nuevas. A decir verdad me dió mucha ternura.
- ¡Dibújame un cordero!
- Esta bien, esta bien, ya no me grites más.
Arranqué un pedazo de corteza de un árbol y con un pedazo de carbón de mi bolsillo empencé a dibujar. Espero que el lagartito haya entendido que el dibujo era horrible porque no sabía dibujar y no porque yo era mala. Lo miró detenidamente un rato y después rompió la corteza con sus dientitos.
- Dibuja uno mejor.
- ¡Qué ingrato! No sé dibujar... ¿Qué te parece una estatuilla?.
- Si
Animal extraño era. Hablaba, para empezar. No parecía muy listo, supongo que no deja de ser un animalito. Con un poquito de magia tranformé una rama caida en el suelo en un hermoso cordero, después se lo entregué:
- ¿Este te gusta?
- Ese es muy bonito, muchas gracias.
Aproveché que estaba contento y comencé a indagar sobre él:
- ¿Cúal es tu nombre? Yo soy Arimila.
- Ya sé que eres Arimila, estaría haciendo un muy mal trabajo si no fueras Arimila.
- ¿Trabajo?¿Cuál es tu trabajo?
- Guiarte. Soy tu espíritu guía -todo su cuerpo se quedó extremadamente tieso por un segundo-. No no no, no debí decir eso. ¡Olvída eso!
- Conque guía eh... Esta bien, lo voy a olvidar.
- Que bien, vamos.

Decidí seguirle la corriente, desde aquella batalla con el orco y los elfos no me encontré con nadie más estos meses. Ya me estaba aburriendo mucho.
El camino es bastante largo, caminamos por varios días. Subimos montañas, donde pasamos muchísimo frío, las bajamos y volvimos a morirnos de calor en la selva. Casi me caigo de un puente que habría significado mi muerte. Aprendí a comer insectos como lagartito, entre muchas otras cosas que no tienen tanta importancia que pasaron en ese viaje.

- ¿A dónde me estás guian.. ¿A dónde estamos yendo lagartito?
- No me llamo asi. Llamame por mi nombre.
- Perdón, no sabía que tenías ¿y cuál es?
- No puedo decirte todavía
- ... ¿Por qué dijiste que harías un mal trabajo? ¿Trabajás para alguien?
- Basta, no puedo decirte. No me confundas, hay que seguir.

Era un lagartito bastante malhumorado después de todo.
En un momento, a lo lejos pude ver a una persona sentada. Me acerqué corriendo y gritando: "Holaaa".
- Encontramos a alguien lagartito -le dije muy emocionada, pero cuando volví a mirar mi hombro el guía ya no estaba. ¡Qué tristeza!-.
Continué hacia la persona. Resultó ser Nialí, que estaba parada en el borde de un risco y junto a ella una gran leona estaba acostada. Cuando llegué a su lado y miré el paisaje fue increíble. Estaba a quien sabe cuántos metros mas alto que el suelo, un cordón de montañas tan altas como esta crubría todo el bosque, tan verde y espeso como ningún otro, que estaba en frente mio. Simplemente hermoso.
- ¿Asombrada, Arimila?
- Es muy her...
- Por desgracia, las criaturas que viven allí no pueden disfrutarlo como es debido -la chica hablaba con su vista en la profundidad del bosque-. Verás, no muy lejos de este lugar, pasando las montañas de allí adelante, hay una guerra que jamás termina. Los dragones intentan dominar a los cíclopes y éstos se resisten.
- Ah.. ¿Y por qué quieren dominarlos?
- Déjame terminar y luego harás preguntas. En fin, todo esto no es historia importante. Lo que sí importa acá es la bestia que atemoriza a todo el bosque.
Nialí hablaba como si estuviera apurada, no había tiempo que perder. Además parece estar todo el tiempo enojada conmigo.
- Un día, hace un par de años, un pequeño dragón de la clase mas baja se escapó de sus tierras porque nunca iba a ganar nada en esa guerra sin sentido. Decidió irse y buscar sus propios esclavos. Y simplemente llegó aquí y empezó a comer a quien quiso, infundir miedo, y de a poco dominar al resto de los habitantes del lugar.
- ¡Que malo! ¿Por qué no intenta hacerse amigo?
Me miró muy feo después de que volví a interrumpirla, pero seguido de su suspiro enojado, volvió a concentrarse en el paisaje: - Todo esto que estás viviendo es parte de nuestra prueba, es un mundo al que sólo los druidas de alto nivel podemos acceder, ya podrás venir sola cuando quieras. Si no mueres, claro está. Nosotros no controlamos ni creamos el mundo, por lo tanto ninguno de nosotros va a andar gastando su tiempo cuidandote, sólo fue casualidad que me encontraras acá.
- Así que sólo tengo que derrotar al dragón y liberar a todos de sus garras. Suena sencillo.
- Ten cuidado, esa bestia es mucho mas fuerte que tú. Pero si peleas con amor, de seguro obtendrás mucho mas que la victoria. - ¿Cómo se llama ella -le pregunté señalando a la leona-?
- Esa belleza de ahi es Miarina, mi fiel compañera.
- ¿Puede acompañarme? Es que estoy muy sola y me aburro mucho.
Nialí me miró muchísimo mas feo que antes, como irritada:
- ¿Estás loca? ¿Qué cosas dices? ¡Ya vete!
Y mientras pronunciaba la última palabra me agarró de la ropa y me tiró del barranco de muchos kilómetros de altura.


Mientras caía pasó algo muy raro. Cada vez era mas lenta, como si el piso se alejara o algo así. Cuanta mas distancia hacía, mas lento caía, hasta que llegué a agarrarme de una rama de un árbol, desde ahí bajé a la tierra. No sé bien qué pasó.
Empecé a caminar para conocer el bosque, y en un momento lo escuché. El rugido fue tan fuerte que todas las hojas de los árboles se movieron. De seguro era el dragón. Las criaturas que estaban cerca mio, escondidas, empezaron a correr muy asustadas para el lado contrario.
"Pelear con el corazón" me repetía a mi misma.
- Dijo que pelees con amor -lagartito había vuelto a aparecer-.
- ¡Hey!¡Hola!¿A dónde te habías ido?
- No importa Arimila, caminá derecho. ¡Apurate!
- Bueno, bueno. Sos muy mandón para ser un guía.
Llegamos a una cueva, guarida de algún tipo de animal. Estaba llena de huesos y esqueletos. Pero todo parecía excesivamente viejo, como si nada viviera allí ya. Pero si lagartito lo decía, entonces debía ser asi. Avancé y se volvió totalmente oscura, intenté iluminar las cosas con luces danzantes pero extrañamente esta magia no funcionaba allí. A lo lejos, mirando por un pasadizo, vi un rincón iluminado por una fogata en el piso. Decidí tomar ese camino. Ahí adnetro había una estatua de piedra, detrás de ella pasaba un río con agua hermosa y con una presencia mágica sin comparación. La estatua tenia la forma de un gran reptil, con cuatro patas de mi altura y cola larga. Estaba gritandole a algo, a su manera de estatua...
Me asusté cuando lagartito, sin decir una palabra, se convirtió en una especie de magia verde y alcanzó al reptil mas grande. Más me asusté cuando la estatua comenzó a cobrar vida. Entonces se pudieron apreciar los enormes diente y las espinas por todo su cuerpo:
- Gracias Arimila, no podía venir hasta acá sola. Debes estar muy confundida.
- Qué... ¿Qué pasó?
- Te usé para que me trajeras a mi cuerpo. Es la regla que el druida designado nos traiga.
- Qué...
- Ahora voy a necesitar un poco de tu ayuda, sólo un poco, para derrotar al pequeño dragón.
- Yo... -no podía terminar de procesar lo que había pasado, de todo lo que vi desde que llegué fue lo mas raro- Esta bien ¡claro que si! ¡Vamos!

Arimila draw.jpg

Después de eso salimos de la cueva y nos dirigimos directamente a enfrentar al dragón. No fue difícil encontrarlo, todos corrían hacia el lado contrario.
- Déjamelo a mi Arimila, usa el conjuro para agrandar mis garras. Tu magia será mucho mas poderosa mientras estemos en este mundo.
- ¿Desde cuándo sabes tanto? Recién parecías... sin ofender, medio tonto.
- Eso puede molestarle a muchos, aunque digas eso. Mi nombre es Judy, y este es mi verdadero ser.
- Esta bien, si. Te voy a mejorar.
Judy estaba en lo cierto, al usar un Colmillo mágico, sus garras y dientes crecieron y se afilaron muchísimo mas de lo normal. Ella se fue y empezó una batalla sin demasiados rodeos.
Judy llegó y asesinó al dragón de un salto. Fue realmente increíble, lo tomó por sorpresa, lo tiró al piso y entonces lo destrozó en cientos de pedacitos con sus dientes y sus garras. Ni siquiera tuvo la oportunidad de defenderse.


Como si nada, volvió a mi y me dijo que teníamos que ir a completar la próxima prueba. Agarramos juntas el cuerpo del dragón, como pudimos, y lo cargamos. Ella ahora era mucho mas divertida e inteligente que antes. Nos reímos mucho y nos hicimos muy amigas, mas que nada en ese trecho, que terminó cuando Zander nos emboscó. Estaba escondido en un árbol el muy malo, y me asustó mucho y grité fuerte:
- ¡Tenías que estar mas preparada pequeña gnoma! Así iba a ser mas entretenido.
- ¿Qué esté preparada?¿Cómo querías que me prepare si en todos estos días no vi a nadie?
- Un predador va asechar a su presa los días necesarios hasta ver la oportunidad perfecta. ¡Debes estar siempre preparada!
- Esta bien, lección aprendida -me estaba poniendo nerviosa, quería cambiar de tema rápidamente-. Y.. ¿Vos también estas acá por casualidad como Nialí?
- No, yo vengo siguiendolos desde antes que la encuentres. Ví cómo mataron al dragón -Zander estiró la mano-. ¿Me lo permites?
- Si, si claro, agarralo. Es lo que me dijiste que tenía que traer.
- Mm. Es algo pequeño, pero no importa. Déjame trabajar en esto niñita, espera un par de horas aquí.
Después de decir eso dió un salto hacia arriba y ya no lo ví mas. ¿Te diste cuenta de lo poco habladores que son?
Bueno, esperamos un par de horas, como él dijo, y al final volvió con algo muy raro en la mano:
- Esta era la piel del dragón que mataron, logré hacer de él una armadu...
- Waaaw ¡¿Es para mí?! ¡¡Es hermosa!! Graciaaas.
- Iba a decir que... si, tómala, es toda tuya. Con ella ya nada te dañará, es como las que yo uso. Aunque personalmente la piel de dragón es de mis menos preferidas, ellos son muy fáciles de cazar.
- ¿Hacia dónde debemos ir ahora druida cazador -Judy decidió dejar tanta celebración-? - Creo que con esto podrán decir que mi prueba está completa cuando vayas ante Aylén -Zander me hizo un rasguño con su garra en la mejilla-. Sólo preguntales por la última prueba y serás de los nuestros niñita Arimila de 27 años.
- ¿Hacia dónde debemos ir ahora druida cazador -insistió-?
- Claro, dirijanse al noroeste, allí veran una pequeña puerta que los llevará hasta la arboleda.
- Vamos Arimila, hay que ponernos en marcha.
- ¡Si! ¡Muchas gracias señor Zander! Allá nos veremos.
Me despedí abrazándolo fuerte y empezamos a caminar.

Antiguo mal

Nada interesante pasa hace varios meses, vagando de acá para allá buscando al grupo. Pregunté en las grandes ciudades, en campamentos mas pequeños y en las aldeas mas primitivas que encontré. En el puerto del lago Olmen unos marineros me dijeron que vieron al grupo tomar el barco hacia Larunor, así que hice una balsa y me fui a navegar en dirección al sendero de la ciudad según mi mapa. El agua del lago no fue lo mejor del mundo, pero los peces de allí son muy sabrosos y a Judi parecieron encantarle aun más. Tardamos varios días en llegar a la otra costa, y de inmediato empezamos a caminar por otros pares de días, buscando y buscando.

¡Hasta que por fin, ahí estaban! El hombre azul, la chica de rojo, el enano viejo, el enlatado y el gnomo, todo encajaba. ¡Por fin los encuentro después de tanto tiempo! Ahora tengo que actuar natural, no puedo dejar pasar esta oportunidad. Pero no me puedo contener y salgo corriendo hacia ellos, Judi me alcanza unos segundos después.
Cuando nos estamos acercando todo el grupo parece ponerse en guardia; espadas, hachas y escudos. Pero todavía no quiero que me maten, así que freno antes de cualquier cosa y les grito:
- ¿Ustedes son los seis fantásticos cierto? ¡Los estuve buscando por todos lados!
Todos se miran entre sí, como confundidos y comienzan a guardar las armas, la pelirroja me mira y pregunta:
- ¿Los seis fantásticos dijiste?
- ¡Si! Vos sos la chica de rojo -giro mi cabeza hacia el resto mientras los nombro- vos sos el enano viejo, el hombre azul está ahí. Todo coincide, tienen que ser ustedes.
- ¿Cómo nos conoces -interrumpe el azul con una mirada entre preocupada y divertida-?
- Ustedes son los que van a salvar al mundo ¿Cierto? Se habla mucho de ustedes en todos lados. ¿Puedo acompañarlos en su aventura?
Todos se exaltaron y empezaron a decirse cosas entre ellos, solo espero no haber arruinado mi oportunidad de entrar. El enano viejo es el primero en acercarse, de brazos cruzados:
- ¿Tu nombrre pequeña?
Su acento es raro, "Nombrrre"
- Me llamo Arimila señor.
- Thorrin Vientorrojo, un placer -Thorin me extiende la mano y le respondo de igual manera y con una sonrisa, y mientras el resto seguía discutiendo él me aparta a un lado y extiende la palma de su mano en frente mio-. Muéstrame lo que puedes hacer Ar-rrimila.
- ¿Lo que puedo hacer?
Thorin asiente con la cabeza y señala con su otra mano la palma abierta, de seguro quiere una muestra de mi poder para saber si les sirvo, espero no exagerar con esto. Empiezo a mover mis manos bruscamente con intención de crear una pequeña tormenta de arena, esto le enseñará al enano. Por desgracia uno de los chorros de arena golpea a una mujer que estaba acercándose con su novio por detrás de mi, y parecen volverse bastante histéricos.
- ¿Estas loca niña? ¿Quién crees que eres para lastimar a mi mujer?
- Esta bien Anhur, es solo un poco de arrena -interrumpe Thorin-.
- ¡Golpeó a mi mujer!
- Yo le pedí que lo hiciera.
Al parecer es el enano quien da las órdenes acá. Si logro entrar sería bueno tenerlo de aliado. ¿Se llevaran bien entre ellos?
Después de eso volvimos con el resto del grupo y Thorin me los presentó:
- Él es Milos, ella es Natsa -va apuntando con el dedo-, Kaiel el profesor, mi hijo Sinn, Sarumo el elfo de allí es Jano, Zerref, Thymaer, el otro enano es Burz,Vincent y finalmente Anhur y su esposa Gema.
Los observo bien a todos y extrañada noto que hay una ausencia.
- Escuché que en los seis fantásticos había un hombre muy oscuro.
Pero nadie respondió nada. En cambio, empezaron a debatir entre todos qué hacer y Kiel me pregunta, apuntando a Judi con el dedo medio tembloroso:
- Esa... cosa ¿es inofensiva?
- Oh si por supuesto, es mi mejor amiga -le digo acariciándola-
- Esta bien Arrimila -grita Thorin desde atrás-, puedes quedarte con nosotros un tiempo si prometes ayudarnos.
De nuevo no puedo contenerme y empiezo a saltar y gritar de alegría "¡¡¡síii!!!".